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Gran Premio de Mónaco

22/05 - 25-05-2008 Montecarlo Montecarlo
Montecarlo

Análisis

La carrera de los errores

Por una vez, Mónaco ha roto la tradición: no ha ganado quien no ha cometido errores. A lo largo de la historia, el primer piloto en cruzar la línea de meta en el principado podía saberse un deportista sin errores. No puede decirse eso de Lewis Hamilton, que tocó con su coche uno de los guarda raíles, tal y como se esperaba de él. Pero no fue el único: prácticamente todos los pilotos supervivientes de la carrera de este año tienen algo de lo que avergonzarse, incluidos los primeros clasificados. Esto es Mónaco, y es mejor ponerse el cinturón de seguridad y contratar un buen seguro. 
 
La justicia de los muros

El 14 de abril de 1929, y tras varios años de lucha y preparativos, Anthony Noghès, hijo del presidente del Automobile Club de Mónaco, vio su sueño por fin realidad: una carrera por las estrechas calles del principado. Con el paso de los años y con algunas modificaciones, el mismo trazado sigue acogiendo la prueba más glamurosa del año.

Poco queda de aquellas reglas (los participantes tomaron la salida en posiciones de parrilla aleatorias por sorteo), pero algo no ha variado: el peligro y la precisión en las trazadas ha de ser milimétrica. Los muros esperan sedientos de fibra de carbono para chafar toda esperanza e ilusión de victoria.

Las medidas de seguridad son escasas y precarias; sí: hay que admitir que Monte Carlo sigue en el calendario por interés, dinero, y estética, pero también por tradición, pasión, emoción y deporte. 

Entonces, una simple salida de pista o un trompo significaban sistemáticamente un abandono. Hoy, los coches entran y salen de la pista, e incluso chocan contra los muros sin muchas consecuencias. Mónaco está perdiendo la supremacía en la lucha por cobrarse más abandonos posibles: los coches son más resistentes y desmontables. Hace años, sería impensable que el ganador del Gran Premio de Mónaco hubiera destrozado un neumático por un toque contra el muro: nada le habría librado del abandono.

Pero Hamilton lo ha conseguido. Y no es el único: la última edición del Gran Premio nos ha demostrado que los coches de hoy aguantan con más estoicismo los golpes y pueden reincorporarse a la pista con relativa facilidad. Sigue habiendo, no obstante, una serie de puntos críticos que no aceptan el más nimio error.
 
 Santa Devota, trece años de paz

Aunque es tradición comentar que la primera curva de Monte Carlo depara habitualmente melès y demás accidentes múltiples, lo cierto es que desde 1995 no se ha visto una colisión múltiple en este punto: eso son ya trece años de relativa paz y calma en el embudo de Santa Devota. En 1996 sólo un piloto se quedó trabado contra las protecciones en la primera vuelta, aunque durante la carrera se produjo una auténtica sangría de abandonos.

Algo parecido ocurrió en 1997, la anterior carrera disputada aquí sobre lluvia, en la que sólo diez participantes vieron la bandera de cuadros. Pero quienes se quedaron por el camino no lo hicieron en la primera vuelta. Santa Devota, pues, sigue siendo un lugar tranquilo en la salida. Este año no rompió la norma: todos pasaron por allí sin ni siquiera saltarse la chicane, en la que anteriormente había un pequeño espacio verde que fue suprimido para facilitar la evacuación de los monoplazas y la salida de boxes. 
 
Loews, efecto acordeón

La rebautizada Gran Hotel, la curva más lenta de todo el mundial (que se recorre a unos 45 kilómetros por hora) volvió a hacer su efecto "fuelle”: los pilotos más retrasados se topan con la trasera de los primeros porque éstos tienen que frenar antes. Ahí se vio el primer incidente: Nico Rosberg tocó a Fernando Alonso.

El accidente se resolvió sólo con la rotura del alerón del alemán. No sería la única vez que esta curva iba a ser testigo de una colisión con el español involucrado: allí chocaría más tarde contra Heidfeld al intentar adelantarlo desesperadamente. ¿Culpables? A veces no hay, o son ambos: uno por intentar un adelantamiento suicida y el otro, simplemente, por cerrarse cuando el monoplaza ya estaba en el interior. Incidente de carrera, lo suele llamar la FIA.

Esta vez, afortunadamente, no hubo investigación por su parte, pues se trató de una lucha deportiva entre dos pilotos en carrera que terminó en fiasco. El atasco formado por el embudo fue de órdago, aunque casi todos supieron evitar más toques. 
 
La nueva chicane, peligro en estado puro

Pero si hay un lugar especialmente peligroso en Mónaco (en realidad hay muchos) es la salida del túnel y la bajada hasta la nueva chicane. Aquí estuvo a punto de perder la vida Karl Werlinger durante los entrenamientos del Gran Premio de 1994. Tres años más tarde, Alexander Wurz tuvo un fuerte accidente en el mismo lugar, aunque él chocó en el túnel y fue rebotando contra las protecciones hasta impactar con el muro que separa la escapatoria de la propia pista.

Un año más tarde, ya en 1999, el español Marc Gené también probó el agrio sabor de los muros de este lugar cuando el alerón trasero de su Minardi se desprendió e impactó con bastante violencia en los entrenamientos. Todos ellos salieron bien parados, pero no así le pasó a Jenton Button en 2003, cuando de la misma manera se estrelló en la clasificación contra el muro de separación de la escapatoria y la pista. El impacto le dejó conmocionado y le impidió correr el domingo, pero más tarde se recuperó totalmente. 

Este mismo año, durante las sesiones clasificatorias, David Coulthard también probó la escapatoria con un estremecedor accidente del que salió sin heridas. Afortunadamente, la escapatoria se amplió hace algunos años y el escocés pudo recorrer toda la calle paralela sin chocar con nada dentro de su incontrolado monoplaza. 

De quien no se esperaba un error así era de Kimi Räikkönen: en sexto lugar y a pocos minutos de finalizar la carrera, la maniobra absurda llegó cuando se le descontroló el monoplaza de la misma manera que le pasó a Coulthard el sábado. Kimi tuvo más reflejos y, con una serie de contravolentes, pudo evitar el accidente y el trompo.

Pero a quien no pudo evitar es a Adrian Sutil, que estaba haciendo una memorable carrera e iba a terminar quinto. Un nuevo error para sumar a un piloto que tiene un coche suficiente para ser campeón del mundo con sólo dejarlo correr. De momento, se ha despedido del liderazgo del mundial por su propia culpa. 

Pero ¿por qué los monoplazas se descontrolan de semejante manera en este punto? En realidad los errores no se cometen en la chicane propiamente dicha; allí casi sólo se ven accidentes por intentos fallidos de adelantamientos, pero es difícil errar en la chicane porque es un punto lento al que, si se llega, se hace con el coche bien equilibrado, frenado y encaminado. Y, si se yerra, sólo hay que saltarse la chicane o, en el peor de los casos, trompear.

El punto crítico realmente está en la salida del túnel y en la frenada. Aparte del cambio de luz (mitigado en buena medida por varios dispositivos lumínicos instalados en el interior y a la salida del túnel), la gran bajada hacia la chicane es grave. Existe una pequeña curva muy suave hacia la derecha que, junto con la pronunciada bajada en frenada, hace que el coche se descontrole de atrás, principalmente.

Es el propio peso del monoplaza en bajada, junto con la leve curva, el que empuja la trasera del monoplaza hacia delante. El latigazo es inevitable si no se realiza la maniobra con prudencia, y puede deparar en una derrapada cuyas nefastas consecuencias son casi insalvables. Que se lo pregunten a Kimi.
 
 Veinticuatro años antes, Senna lo hizo
 Como decíamos al principio de este artículo, la carrera de Lewis Hamilton no fue perfecta, pese a lo que Pedro de la Rosa ensalce a su compañero de equipo, como es lógico, por otra parte.

Su adelantamiento en la salida a Kimi fue fantástico, pero también fue el primero en cometer un error al salirse en solitario y chocar contra las protecciones, pinchando su neumático trasero derecho.

A partir de ahí estuvo a merced de la torpeza de Ferrari (por otro lado, tradicionalmente abundante en el circuito monegasco), tanto en boxes como en pista. Lewis ha ganado su primera carrera sin salir desde la primera posición, pero lo ha hecho adelantando en boxes. Esa no es una carrera perfecta. 

 La carrera de Senna en 1984 sí que fue perfecta: con un vetusto Toleman y partiendo desde el fondo del pelotón, logró llegar al segundo lugar antes de que la dirección de carrera decidiera paralizarla y evitar la vergüenza de que Alain Prost fuera adelantado por un (entonces) don nadie. La lluvia también calaba el urbano asfalto de Mónaco. La nueva chicane del puente no era nueva, sino antigua.

En el ambiente se respiraba la tensión del peligro escondido en cada rincón. En aquella época no se podían cambiar alerones ni demás partes de los monoplazas con toda la facilidad de hoy: si uno tocaba el muro, estaba fuera de carrera. Nigel Mansell lo hizo cuando lideraba el gran premio, y dejó a Alain Prost como favorito. Pero por detrás llegó Ayrton Senna, que partió decimotercero, aprovechando los errores de los demás pilotos, y escalando poco a poco posiciones.

Paulatinamente, hasta los más grandes cometieron errores, incluido Niki Lauda. Cuando tenía a Prost a un tiro de piedra, el director de carrera decidió detener la prueba al considerar que la lluvia hacía peligrar la integridad de los pilotos. A Ayrton le cortaron las alas en la que pudo ser su primera y memorable victoria en Fórmula 1.

No cometió ningún error y llegó segundo. Hamilton chocó contra el muro, al igual que Mansell y Lauda, pero ha ganado la carrera. Son épocas diferentes…
 
 Lista de errores y desgracias

Pero no le agüemos la fiesta a Lewis. No es el único que se fue de las manos (nunca mejor dicho) sobre la mojada pista monegasca. Los choques, toques y accidentes estuvieron a la orden del día. Se podría decir que prácticamente nadie se libró de su maniobra errada. Y no hablamos sólo de quienes abandonaron: casi todos los que cruzaron la línea de meta tuvieron sus percances más o menos graves. Recapitulemos:
 
Hamilton. Tras su golpe contra el muro, el inglés tuvo que parar prematuramente para cambiar su neumático. No eran pocos los que esperaban que Lewis probara los muros de Mónaco, pues ya el año pasado lo hizo sobre seco y con control de tracción.

Pero las consecuencias del incidente se mitigaron cuando Coulthard y Bourdais se estrellaron al unísono en Tabac. El coche de seguridad hizo acto de presencia y anuló el tiempo perdido de Hamilton, que era cuarto con un repostaje ya realizado. La suerte estuvo de su lado pese a su error que, en otras circunstancias, le habría costado la carrera y, quizá, incluso el podio.

Kovalainen. No quieren dar muchos detalles en los comunicados de McLaren sobre el incidente de Heikki, pero el caso es que el piloto se quedó clavado en la misma parrilla. Su carrera fue un interminable camino lleno de baches para lograr un solo punto.

Räikkönen. Su título mundial del año pasado se mancha un poco más cuando hace cosas como la de hoy: dejó al pobre Sutil llorando mientras que él lograba un mísero noveno lugar tras partir segundo. No fue su único error: antes, destrozó el alerón al salirse recto en Santa Devota.

Massa. El flamante brasileño que se las veía muy bonitas para romper con la mala suerte de la Scudería en Mónaco erró de nuevo. Salida de pista en Santa Devota y al traste todas las opciones.

Alonso. También probó el muro de protección, aunque pudo continuar, para chocarse después en una maniobra demasiado optimista contra Heidfeld.
 
 Viva el descontrol
 Si hay algo que nos deja la edición del Gran Premio Mónaco de este año es una adicción tremenda por el descontrol. Y no hablamos de los accidentes, sino de la ausencia del control de tracción que tantas emociones coartó en el pasado. Los coches, ahora, derrapan, deslizan, se cruzan… Es maravilloso volver a ver las manos de los pilotos cruzarse para contravolantear y dominar la situación en cada curva. La última, la entrada al túnel y la salida de Loews fueron algunos de los puntos más excitantes en los que ver la trasera de los monoplazas intentando escapar de las manos de los pilotos. Algunos tuvieron más fortuna; otros, menos. Como Rosberg, que protagonizó el accidente fuerte del día, que propició la segunda salida a pista del coche de seguridad, poniendo de manifiesto que Mónaco sigue siendo un lugar peligroso para coches que vuelan a 300 kilómetros por hora.

Es posible que, de tratarse de un trazado nuevo, Monte Carlo nunca obtuviera hoy la licencia de la FIA para disputar grandes premios. Pero si la lluvia cae sobre el asfalto, la magia (mezcla de respeto, quizá miedo, e historia) tiñe el ambiente con una pátina de dramatismo y pasión. Es difícil encontrar nada parecido en ningún otro circuito del mundial, y mucho menos en los nuevos y asépticos autódromos de Tilke. Y es que el espíritu de Anthony Noghès sigue presente en el ambiente. Pese a todo y todos.
 
 El semáforo de TheF1.com

 Semáforo rojo

  • Ferrari. Una carrera más al traste. Entre errores del equipo (imperdonable la sanción por no tener las ruedas de Räikkönen montadas a menos de tres minutos de la salida) y los de los pilotos (increíble que sigan siendo tan irregulares los dos pilotos de la Scudería) están dejando escapar un mundial del que partían favoritos. 
  • Fernando Alonso. Tenía que arriesgar, pero cometió dos errores de pilotaje que acabaron con sus posibilidades. Pudo incluso acabar en el podio. Una lástima.  
  • Kimi Räikkönen. Mención especial para el "piloto derretido” (de hielo tiene poco). Acabó con una carrera espectacular de Sutil con una maniobra gratuita a pocos minutos del final. Patético.  
  • David Coulthard. El escocés quizá deba pensar ya en la jubilación. No levanta cabeza y está probando con demasiada asiduidad las escapatorias, los muros y las carrocerías ajenas. 
  • Sebastien Bourdais. Otro que no levanta cabeza. Tras una prometedora carrera en Australia, el resto ha sido sólo decepciones. Oscuro futuro para él. 
  • Nelson Piquet. Una deshonra para un apellido tan mítico. No da más que disgustos a Briatore.
     
     Semáforo ámbar
     
  • Lewis Hamilton. Su primera victoria en Mónaco, pero no exenta de errores. Porque la suerte estuvo de su lado… 
  • Rubens Barrichello. Sigue vivo. Su sexto puesto (la primera vez que puntúa desde Brasil de 2006) le hace recordar tiempo pasados y mejores.
     
     Semáforo verde
     
  • Robert Kubica. Gran segundo lugar, pero no fue capaz de arriesgar cuando pudo. En la resalida tras el coche de seguridad ni siquiera se acercó a Hamilton para intentar adelantarlo. La esperada victoria de BMW-Sauber tendrá que seguir esperando. 
  • Adrian Sutil. Magnífica actuación. Lástima que la torpeza de Räikkönen le privara de un resultado excepcional. Ocasiones así tendrá pocas. 
  • Mark Webber. De los pocos que se mantuvo en pista sin muchos problemas, lo que le valió un meritorio cuarto lugar.
     
     Lo dijo… 
     
  • Robert Kubica: "No esperaba llegar segundo".
  • Mario Theissen: "El dios del agua nos brindó un drama en Mónaco". 
  • Nick Heidfeld: "Fernando Alonso cometió un error y chocó contra mí".
  • David Coulthard: "Quería ser cuidadoso al principio, pero había mucha agua". 
  • Kimi Räikkönen: "Lo siento por Sutil".
  • Adrian Sutil: "Fue la mejor carrera de mi trayectoria profesional. Kimi acabó con ella". 
  • Lewis Hamilton: "Estoy en la Luna". 
  • Fernando Alonso: "Tenemos que arriesgar porque no luchamos por el mundial".
Redacción TheF1.com