Gran Premio de Italia
12/09
- 14-09-2008
Monza
Análisis
La primera vez
Mil y una veces lo había imaginado; otras tantas, lo soñó; pero sólo una vez en su vida lo podría vivir. Aquél instante se convirtió en realidad cuando menos se lo esperaba; como casi siempre. El verano daba sus últimos coletazos y la lluvia quería ser el primer aldabonazo del ya cercano otoño. Todos recordamos nuestra primera vez. Hoy es turno de Vettel.
La primera y la última
Fotógrafos. Cámaras. Periodistas. Familiares. Amigos. Todo confluye en la mente. Todo pesa en las manos. El volante es sólo un instrumento que asir fuertemente para contener los nervios. Delante, nadie. Detrás, fieros guerreros dispuestos a chafar un sueño. Tras los semáforos, un mundo entre la salida y la meta... En el pensamiento, la frase del mágico Senna: "El segundo es el primero de los perdedores". Hoy toca ganar. Hoy tocar saborear la dulce miel de la victoria. Sí o sí. Vettel nunca lo tuvo tan claro.
La historia de la Fórmula 1 está llena de pilotos ganadores que no pasaron de su primera victoria: Jean Alesi, Richie Ginther, François Cévert, Olivier Panis, Alessandro Nannini, Lorenzo Bandini, Carlos Pace... Todos pudieron estar ahí arriba, adonde Vettel se subió por primera vez en el Gran Premio de Monza de 2008, pero nunca volvieron a hacerlo. En activo, Jenson Button, Jarno Trulli, Heikki Kovalainen o Robert Kubica siguen aspirando a repetir la experiencia. Pero hoy es el turno de Sebastian Vettel; turno del piloto más joven en la historia en ganar una carrera de Fórmula 1. El récord de Fernando Alonso cayó sin que el español pudiera hacer nada por remediarlo. Ni él, ni Hamilton, Massa o Räikkönen. Sus desventuras bajo la lluvia propiciaron el buen hacer de este alemán de sólo 21 años. Ya va quedando lejos aquel verano de 2003 en Hungría, cuando España se dio cuenta de repente de que tenía a un campeón en potencia en un deporte hasta entonces despreciado.
La primera vez del mago de la lluvia
Hace veintitrés años, a los mandos de un negro Lotus 97T y también sobre la lluvia (como Vettel en Monza), un tal Ayrton Senna asombraba al respetable marcando un crono de un minuto, veintiún segundos y siete décimas. Para él era la primera posición de la parrilla de salida del Gran Premio de Portugal de 1985. El año anterior, en Mónaco, muchos creyeron que se le cortó las alas cuando se suspendió la carrera justo cuando osó a atacar a Alain Prost. Pero ahora volvería a tomar revancha con el agua como aliada. Desde la misma salida, nadie pudo seguir su estela de agua y velocidad. La danza de la lluvia marcaba sus trazadas y dejaba a todos con la boca abierta. Mientras sus perseguidores luchaban para no ahogarse, él mantuvo un pacto secreto con el resbaladizo asfalto que aprovechó para pisar por primera vez el primer cajón del podio. No fue la primera ni sería la última vez que un piloto aprovechaba su habilidad bajo condiciones adversas para rubricar su primera victoria: Schumacher y ahora Vettel hicieron lo mismo.
Vettel, aspirante Ferrari
Y precisamente Michael Schumacher ha sido uno de los primeros en rendirse ante Sebastian Vettel. Para él, antes de la carrera de Monza, ya era la revelación del año, pero ahora está más seguro todavía de que esta revelación tendrá continuidad en el futuro. Quizá tarde meses o años en volver a ganar, pero la semilla está plantada: todos los que han ganado alguna vez se quedan con hambre de más. Vettel tiene la juventud necesaria para saciarla. El cambio de equipo con Red Bull será crucial en su crecimiento profesional. Ahora toca madurar y regar esa semilla hasta que germine en un contrato con uno de los grandes. Quizá, con suerte, llegue a tiempo cuando Ferrari se libre de una vez de esos dos taxistas que tiene por pilotos y pueda fichar a un piloto de verdad. Si aprovecha el tiempo en aprender, serenarse y madurar, Vettel podría ser su piloto perfecto (Hamilton parece unido a McLaren “hasta que la muerte les separe”): un nuevo alemán con arrojo y talento curtido en el fondo del pelotón y acostumbrado a lidiar con tiempos difíciles. De momento, ya ha probado lo que es ser ovacionado por miles de tifosi sin ser piloto del equipo Ferrari; un hecho realmente curioso y nada desdeñable. Si en Maranello captan la onda, quizá se den cuenta de que hoy sus admiradores están más contentos con él que con Massa y Räikkönen.
Ese brillo en los ojos...
Cuando Fernando Alonso ganó su primera carrera, muchos también descorchamos alguna que otra botella de champagne en nuestras cascas. ¿Cómo no hacerlo teniendo un piloto de tanto talento que había despertado el interés de un país que ni siquiera consideraba esta competición como un deporte? Tres años después fue Jenson Button en el mismo circuito húngaro el que se desataba encloquecido por su primer lugar en la línea de meta. Barrichello lloró como un niño pequeño dentro y fuera del coche tras remontar en Hockenheim 2000 desde el decimoctavo lugar de parrilla hasta el primero de meta. Sobre el podio se desmoronó y se secó las lágrimas con su querida bandera brasileña. Schumacher casi no se lo podía creer en 1992, sobre el podio de Spa-Francorchamps, contemplado por Nigel Mansell y Ricardo Patresse...
Los que llevamos cierto tiempo siguiendo este deporte, desde nuestra más tierna infancia, siempre nos emocionamos cuando vemos caras nuevas en el podio. Hay un brillo mágico en esos ojos, una sonrisa especial en esos rostros exultantes, una expresión única en esas caras... Sólo los más observadores pueden ver una forma diferente en vaciar la botella de champagne en esas manos inexpertas. Con el paso del tiempo y si las victorias siguen llegando, la experiencia calma los ánimos que se convierten casi en rutina. Sólo en algunas ocasiones especiales vuelven a aparecer esas sensaciones, esas miradas cristalinas, esas lágrimas sinceras y esa inmensa felicidad de la primera vez. Felicidades, Vettel.
Semáforo rojo
Ferrari: Largarse de su casa con tres míseros puntos es patético, sobre todo
cuando Hamilton remonta como lo hizo y casi le quita el puesto hasta a Massa.
Kimi Räikkönen: No pudo ni defenderse de Hamilton.
Mark Webber: Pincha en los momentos clave. Otra oportunidad perdida.
David Coulthard: Descafeinada última temporada para el escocés. Una pena.
Semáforo Verde
Sebastian Vettel: Sobran las palabras.
Lewis Hamilton: Gran remontada y preciosos adelantamientos, aunque demasiadas
maniobras polémicas que recuerdan al lado oscuro de un alemán que empieza por
Michael y termina por Schumacher.
Fernando Alonso: Maravilloso pilotaje y buena estrategia (por una vez) de
Renault. El podio, otra vez, al alcance de la mano.
