Gran Premio de Francia
20/06
- 22-06-2008
Magny Cours
Análisis
Predicciones y decepciones
Paddock de Nevers Magny-Cours. Los contrastes se hacen patentes en las caras de dos compañeros de equipo. Mientras Felipe Massa celebra su victoria y su primer liderazgo en un mundial de Fórmula 1 encima de un monoplaza al que besa de gratitud, Kimi Räikkönen observa con bastante más frialdad el escape destrozado de su bólido que le ha apartado de la gloria que, sólo media antes, sabía suya. La suerte siempre es un gigantesco dado que sobrevuela los circuitos y puede caer como un amuleto o como una losa. En la probablemente última carrera sobre Magny-Cours, la lluvia fue sólo la gran ausente para mezclar la incertidumbre y la emoción que este año baña el Mundial.
Predicciones y decepciones
Está claro que las predicciones en Fórmula 1 no valen para nada. Todavía estamos esperando la cacareada lluvia de Canadá y tienen la poca vergüenza de anunciar otra para Francia. “Lluvia en los próximos treinta minutos”, aseguraba la dirección de carrera cuando los monoplazas terminan la vuelta de formación. Mentira. Ni en media hora ni en dos horas. Las últimas gotas cuando ya prácticamente se vislumbraba la bandera de cuadros en el horizonte apenas lograron poner nerviosos a dos o tres pilotos. Nadie se planteaba ni tan siquiera cambiar de neumáticos. Un timo.
Pero a la carrera tampoco le hizo falta el líquido elemento para desbaratar todos los planes de todos los participantes. Nada le salió a nadie como esperaba: Kimi (primero) estaba convencido de volver a beber de ese champagne reservado a los campeones. Felipe se había olvidó de la victoria a mitad de carrera. Alonso soñaba con el podio. Kubica quería, en el fondo, seguir siendo líder del mundial… Pero nada se cumplió. Sólo Jarno Trulli puede estar verdaderamente satisfecho con un tercer lugar que le permite no sólo sumar algunos puntos para el equipo, sino también dedicar un fantástico podio a Ove Andersson. Pero esa es otra historia y será contada en su momento…
Hamilton: la culpa fue del chá-chá-ch
Ya desde la salida estaba claro que las cosas iban a ser muy diferentes. Tras varios años acostumbrados a que las posiciones de parrilla a penas varíen a lo largo de la carrera, esta temporada vemos cómo se barajan los colores de los monoplazas a su antojo. Alonso perdía dos puestos en la primera curva, y recuperaba uno en la siguiente. El podio todavía estaba al alcance. No así para Lewis Hamilton, completamente desquiciado, desbordado, inmaduro… que volvió a cometer dos tremendos errores: uno, al salirse de pista en plena chicane; otra, al chocar contra su compañero de equipo, al que le rompió un pequeño trozo de deflector, aunque milagrosamente sin mayores consecuencias para ambos.
El tapón de mitad del pelotón iba a ser Nelson Piquet.
Detrás de él, los dos McLaren, a cual más nervioso, con Kovalainen por delante de Hamilton. Tras varias y emocionantes maniobras (y también peligrosas) sobre el brasileño, el inglés superó de repente al finlandés con demasiada facilidad (no entramos aquí en lo de órdenes de equipo, porque es tan ambiguo que sería estúpido). Pero de poco le serviría a Lewis: la dirección de carrera le penalizó al saltarse la chicane en la primera vuelta. Un paso por boxes fue el castigo, suficiente para terminar de chafar una carrera que no iba a ninguna parte. Otro cero en su marcador y otra oportunidad perdida que, a buen seguro y conociendo al prepotente piloto inglés, achacará a la FIA, a la mala suerte, a la injusticia o a la crisis económica de Zimbaue (cualquier causa menos su propia torpeza). El caso es que el inglés cumplió puntualmente la penalización, y eso le enfrentó directamente contra Fernando Alonso, aunque sus carreras eran diferentes. El español ya había realizado su primera parada (el primer repostaje de la carrera) y se había retrasado en demasía. A partir de ahí, su carrera se fue estropeando a cada paso, pues rodó bastante más lento que la cabeza, y cuando el resto de monoplazas realizó sus paradas, el español ya estaba lejos del podio e incluso de los cinco primeros clasificados. La pesadilla no había hecho más que empezar.
Torpezas y alegrías efímera
La torpeza de Piquet (que hoy ha superado a Alonso por pura chiripa, aunque se auto-felicite por tamaña osadía) le llevó a perder una posición con respecto a Kovalainen tras salir de boxes y quedarse frenado en el carril de aceleración (estamos a la espera de sus declaraciones para saber si el pánico de McLaren por los botones que limitan la velocidad de los monoplazas se está extendiendo al resto de equipo o es que la torpeza de los pilotos novatos es más que preocupante).
Tras Trulli viajaba Kubica, incapaz de seguir el ritmo de cabeza. Como se intuía en Canadá, el liderazgo del mundial y aquella victoria eran efímeros. A BMW-Sauber le costará repetir aquel inolvidable fin de semana, aunque de momento no les importa mucho: quieren seguir aprendiendo, cogiendo experiencia y evolucionando para dar el gran salto el próximo año. Si por el camino van sumando puntos, mejor que mejor.
Peligro: escape colgante
En la vuelta 36, Kimi no lo podía creer: su coche se paraba poco a poco. La lentitud pesaba sobre sus hombros como una losa. Algo ocurría. La torpeza de los comentaristas televisivos les impidió comprobar que en el pontón lateral del Ferrari algo había que no funcionaba: los escapes se le habían roto y varios elementos mecánicos chocaban y rebotaban por la carrocería. En ese momento, Kimi no sólo se convirtió en una tortuga, sino también en un peligro rodante: algunos de esos elementos eran lo suficientemente pesados y estaban lo insuficientemente anclados al monoplaza como para suponer un auténtico peligro para comisarios y pilotos. Esto se confirmó poco más tarde, cuando el Ferrari perdió un trozo de mecánica que salió escupido al aire, elevándose varios metros y cayendo con toda su furia sobre una (afortunadamente) zona libre. El golpe de ese elemento contra otro monoplaza o contra una cabeza (con casco o sin él) podría haber sido fatal. Esta vez, no hubo bandera negra con círculo naranja en su centro (ver reglamento de la FIA para más información…).
Felipa Massa no tardó en hacerse con la primera posición en detrimento de su incrédulo compañero de equipo, que con la tontería lleva cuatro carreras sin ganar. Algo parecido le está pasando a Fernando Alonso que, entre unas cosas y otras, las satisfacciones de los sábados se convierten en decepciones los domingos: de soñar con el podio pasó a luchar por la séptima plaza tras su segunda y última parada (aderezada por un error en la manguera) tras ser adelantado también por Webber. Y todavía quedaban más decepciones.
Alonso: 500 puntos sin celebració
El adelantamiento en boxes de Kovalainen a Kubica fue el último momento destacable del Gran Premio, sin contar con la carambola que dejó a Piquet por delante de Alonso por primera vez. El español trataba de adelantar a un doblado que, cegado, le cerró la puerta. Para esquivarle, Alonso tuvo que tirarse al interior y alargar completamente la frenada, momento que aprovechó el brasileño para arrebatarle el séptimo puesto a su compañero, que se mostraba indiferente a este adelantamiento tras la carrera, asegurando que lo mismo le daba un punto más que menos. Ni felicitaciones ni enhorabuenas a su compañero. ¿Acaso las merece? Lo cierto es que el octavo lugar del español, irónicamente, le es suficiente para permitirle celebrar su 500º punto en la Fórmula 1.
Estamos seguros de que Alonso no hará grandes celebraciones en un Gran Premio en el que podía haberse reencontrado con su afición y haber resarcido a la francesa. En vez de eso, nos contentamos con un insípido octavo lugar. El español es noveno en el mundial con sólo diez puntos en su casillero, dos más de Rorberg. La pantomima de Piquet se comprueba al buscarle en el decimoctavo lugar del mundial. Sí, hoy ha logrado sus dos primeros puntos en su carrera, pero ¿tiene realmente motivos para festejarlos? Quién sabe; quizá empiece aquí una madurez que ha brillado por su ausencia a lo largo de todo el mundial, aunque su incidente en boxes tampoco augura grandes alegrías.
Un doblete extrañ
Quien sí que tenía alegría en el cuerpo era Jarno Trulli: tercer puesto. Más que suficiente para dedicarle tamaño resultado a Ove Andersson, el que fuera patrón de Toyota en su entrada en la Fórmula 1, amén de toda una institución en el automovilismo japonés, que falleció la semana pasada en un desgraciado accidente de rali de coches clásicos en Sudáfrica. El himno italiano sonó en todo su esplendor y emocionó a todos los ocupantes del podio y al noventa por ciento de los aficionados: los seguidores de Ferrari y los de Trulli.
Y precisamente en Ferrari las caras eran extrañas: doblete y liderazgo del mundial, pero por los pelos: el coche de Räikkönen aguantó de milagro, y tendrán que explicarnos cómo es posible que un monoplaza rojo se deshaga de esa manera para, más adelante, recuperar el ritmo sin inmutarse. La superioridad de Maranello está clara: Kovalainen fue cuarto y Hamilton décimo. En McLaren deben aprender que no basta con un coche rápido para ganar un mundial. Hamilton también está demostrando que, de pilotar otro coche, sus actuaciones serían bastante más comprometidas. El inglés ha tenido la suerte de aterrizar siendo casi un bebé en un equipo ganador que le mima y le defiende incondicional y, en ocasiones, irracionalmente. ¿Qué pasaría si, como Alonso, hubiera debutado en Minardi
McLaren: la historia se repit
Pero es que ni en McLaren, con Alonso fuera de juego al competir con un coche claramente inferior, está logrando su objetivo: ganar el mundial. Se cree que para hacerlo hay que ir a todo trapo vuelta sí y vuelta también, sean cuales sean las circunstancias de carrera. Los últimos años han demostrado que es la suma de los pequeños detalles la que realmente cuenta a final de temporada. Y, si siguen por ese camino, las flechas de plata lo tienen crudo: Lewis lleva dos carreras consecutivas sin puntuar, mientras que Heikki no sabe todavía lo que es ganar una carrera. En marcas, McLaren-Mercedes sigue perdiendo puntos en su tercer lugar. El ridículo del año pasado parece perseguirles en este. O ponen remedio pronto o en Ferrari seguirán frotándose las manos casi sin despeinarse.
Por su parte, y gracias a todo, Robert Kubica está haciendo una auténtica hazaña manteniendo a BMW-Sauber en el segundo lugar del mundial, pues poca ayuda le presta Heidfeld. Pero el polaco también tiene su recompensa: es segundo en el mundial de pilotos, a sólo dos puntos de Massa y con tres de ventaja sobre Räikkönen. El triunfo de Robert Kubica esta temporada es especial y merece ser destacado: su gran resultado en el mundial se basa en una grandiosa regularidad sin necesidad de ganar carreras. De hecho, sumado puntos en todas las pruebas menos en Australia, convirtiéndose en el piloto en el que más carreras ha puntuado. Eso sí, sólo tiene una victoria por lo que en caso de desempate tendría las de perder.
De momento, tiramos dado y cae en otro de esos autódromos permanentemente amenazados por la FIA: Silverstone. Otra cuna del automovilismo, como Francia, cuya presencia en el Mundial está siempre amenazada por unas instalaciones precarias. La completa remodelación de la pista inglesa, sita en un antiguo aeropuerto, ya está prometida. En quince días visitaremos ese tradicional y entrañable circuito completamente plano. Y quizá la dirección de carrera vuelva a anunciar aquello de “lluvia en treinta minutos”. Lo que faltaba.