Gran Premio de Canadá
06/06
- 08/06/2008
Montreal
Análisis
Las promesas del mañana
Ver el mundo desde arriba es bien distinto a hacerlo cabeza abajo. El piloto que el año pasado acaparó toda la atención por su terrible accidente vuelve a ser ahora protagonista en el mismo escenario. Pero el mérito este año es mucho mayor: ya es campeón. Está ahí arriba. En ese cajón tan deseado, tal aparentemente inalcanzable, donde el viento tiene otro sabor y el champán salta por doquier. Ya ha llegado. Y su trayectoria ha sido bastante más difícil que la de otros: ha luchado, competido y arriesgado para hacerse un hueco por méritos propios y medios inferiores a los de sus rivales. Este año, ni el muro de campeones ni la rebeldía del asfalto: nada ha podido con Kubica.
El coche de seguridad, juez y verdugo
El sueño de Mario Theissen y sus chicos por fin se ha hecho realidad: han ganado su primera carrera. Y más que eso: doblete histórico sobre la difícil pista de Montreal. Y por si fuera poco: Kubica, líder del mundial. Para batir más récord, Robert fue el primer piloto polaco en entrar en la Fórmula 1 y, por ende, el primero en ganar una carrera. En el equipo con el apellido de Sauber probablemente no han vivido otro días más emocionante que hoy. En BMW han de dar las gracias a Kubica por esta gran victoria pero, también, en menor medida al coche de seguridad. En su probablemente última participación con las reglas actuales (casi todo el mundo está decidido y dispuesto a acabar con la injusta y estrafalaria reglamentación vigente), el Mercedes Benz de calle ha puesto el mundial patas arriba. Su primera actuación en la carrera canadiense propició otro esperpéntico error del inglés Lewis Hamilton que acabó con la carrera de Kimi Räikkönen y la suya propia, despejando el terreno de ambos BMW. Estos son los errores que al final del campeonato cuestan mundiales.
Mirar para ver
El 17 de marzo del presente año, Rubens Barrichello echaba balones fuera tras reincorporarse a pista después repostar en el primer gran premio del año, Australia, alegando que los semáforos de final de boxes son prácticamente invisibles. A él le costó la exclusión de la carrera. Según el brasileño, no fue culpa suya, sino de la colocación y dimensión de las luces instaladas para indicar la posibilidad o imposibilidad de que un piloto se reintegre en carrera, según las circunstancias de la misma: "Nunca puedo ver las luces; están mal situadas. Cuando se ven es demasiado tarde: ya se han rebasado". Rubens aseguró entonces que no sería la última vez que pasaría: "Le pasó a Montoya, Kubica y Massa, y nadie verá las luces hasta que pongan otras más grandes o hagan algo. Es lamentable". Lewis Hamilton ya tiene la excusa perfecta. Sin embargo, si Kimi Räikkönen y Robert Kubica sí las vieron, por qué Hamilton no. No fue el único: Nico Rosberg tampoco frenó a tiempo e impactó a su vez con el ya accidentado Hamilton, dañando ligeramente su alerón delantero. Podríamos disculpar a estos dos últimos pilotos siguiendo la teoría de Barrichello de la falta de visibilidad de los semáforos.
Pero ¿es que es imposible frenar un monoplaza que rueda en esos momentos con la limitación de cincuenta kilómetros por hora? Un Fórmula 1 actual puede detenerse completamente tras rodar a 200 km/h en sólo dos segundos. Es evidente que si rueda a 50 km/h y no se detiene a tiempo para evitar la colisión contra un objeto frente a él es que la reacción del piloto ha sido demasiado tardía. En otras palabras: no ha visto el semáforo. Ahora bien, aplicando la teoría del policía que me atendió cuando un coche se saltó un ceda el paso y me llevó por delante, es posible que el infractor no es que no haya visto el semáforo, sino que simple y llanamente no lo ha mirado para comprobar su estado.
Gran error. Y si lo vio (tal y como asegura), más incomprensible todavía que no parara, pues es increíble que no recordara lo que le pasó a Massa el año pasado, cuando fue excluido del mismo gran premio por cometer exactamente el mismo error: saltarse el semáforo de final de boxes.
Falta de visibilidad, nervios, prisas… Según Ron Dennis, es difícil para un piloto estar atento al mismo tiempo a los semáforos y a los coches de delante. ¿Realmente es tan complicado para un aspirante a campeón del mundo de la máxima especialidad del automovilismo que cobra millonadas? Excusas para justificar lo injustificable: si no se ve, hay que mirar mejor. Esa es la diferencia entre los pilotos y los buenos pilotos.
Los futuros campeones del mundo
Pero los grandes protagonistas de esta jornada son sin duda los chicos de Mario Theissen. En BMW-Sauber saborean por primera vez ese sabor mágico de la victoria, aderezado además por un sabroso doblete. El 17 de enero de 2006 se presentó el primer coche bajo la denominación BMW, tras la compra de Sauber. Lejos quedaban los días insípidos de Williams. Nick Heidfeld y Jacques Villeneuve eran las apuestas por ascender paso a paso. Kubica, entonces, sólo era piloto de pruebas.
Cuando Villeneuve (que se mantenía en competición porque su contrato con Sauber seguía vigente) se estrelló en Alemania, la oportunidad del polaco se presentó en forma de sustitución. El 4 de agosto debutó en los entrenamientos del Gran Premio de Hungría. Ya desde entonces demostró que no venía a jugar: superó a su compañero de equipo en los entrenamientos oficiales con un decimoséptimo lugar.
En carrera lo tuvo más complicado y, mientras que Nick logró pisar el tercer escalón del podio y asegurar el primer podio de BMW, Robert (que llegó en un magnífico séptimo lugar) fue descalificado cuando su coche no llegó al peso mínimo exigido tras la carrera. Su suerte, sin embargo, siguió de su lado: Villeneuve y BMW acordaron rescindir su contrato amistosamente. No se arrepentirían en el equipo: Kubica subió al tercer cajón ya en el Gran Premio de Monza.
Este año, el mundial comenzaba bien para ellos: en Bahréin ya eran líderes del mundial de constructores. Hoy, Robert Kubica desata la locura en Polonia y despierta una pasión similar a la que Fernando Alonso inyectó en los españoles hace algunos años. Mario Theissen, antes de la carrera canadiense, aseguraba que el objetivo del equipo no era ganar el campeonato este año, sino la primera carrera del equipo. Ya la tienen. A medio plazo, darán mucha más guerra pues, como Renault cuando entró en la Fórmula 1, sólo tienen un objetivo y no se rendirán hasta conseguirlo: ser los campeones del mundo.
Semáforo rojo:
- Lewis Hamilton. Un nuevo error de novato. Pésimo. Parece empeñado en no ser campeón del mundo.
- Fernando Alonso. Otro error. autoexcusado con aquello de "este año podemos arriesgar", el español no da pie con bola y decepciona carrera tras carrera. Se escapó la mejor oportunidad de hacer un magnífico podio para recobrar el prestigio perdido en Mónaco.
- Heikki Kovalainen. Sigue perdido y en tierra de nadie. Noveno y sin puntos. Un piloto demasiado mediocre para McLaren.
- Circuit Gilles Villeneuve. Maravillosa pista, pero increíbles los problemas con el asfalto. Falta de previsión, inseguridad, chapuzas… Año tras año la misma cantinela.
Semáforo ámbar:
- Rubens Barrichello. Cuando podía haber realizado una carrera memorable, sus míticos errores le relegaron a la séptima plaza, que tampoco está nada mal.
- Nico Rosberg. Cometió el mismo error que Hamilton, pero pudo seguir en carrera. Eso sí, la próxima carrera será penalizado.
Semáforo verde:
- BMW-Sauber. Ya han llegado.
- Robert Kubica. Qué carrera tan distinta a la del año pasado.
- Felipe Massa. Maravilloso adelantamiento doble en la horquilla. Impropio de él.
- David Coulthard. Quizá alguien le tuvo que ayudar a subir al podio, porque probablemente no se acordaba de cómo se hacía eso…
Lo dijo…
- Kimi Räikkönen: "Una cosa es cometer un error a 200 km/h y otra chocar contra un coche que espera en un semáforo rojo", sobre su incidente en Mónaco y el de Hamilton en Canadá
- Stefano Domenicali: "La sanción de la FIA (a Hamilton) es ecuánime".
- Lewis Hamilton: "No tengo argumentos para los comisarios".
- Ron Dennis: "La colisión de Lewis fue una de esas cosas que pasan".
- Fernando Alonso: "Es un milagro que un Renault esté luchando con un BMW. Podría ir más lento, pero intento ir al límite, y así se comenten más errores".