Gran Premio de Brasil
31/10
- 02-11-2008
Interlagos
Análisis
Junçào
En los más de quince años que el que suscribe lleva siguiendo el Mundial de Fórmula 1, jamás he vivido un final de temporada tan rocambolesco, increíble (en su acepción más literal), novelesco, cardíaco y dramático como el vivido hoy en la última carrera sobre el trazado José Carlos Pace de Sao Paulo. Junçào se llama el lugar donde Lewis Hamilton ganó su primer título mundial, convirtiéndose en el campeón del mundo más joven de la historia.Y rebasando esos quince años de modesta afición por un deporte tan apasionante como éste, hay que rebuscar demasiado en los archivos, los libros, los vídeos y las crónicas añejas para rescatar algún episodio similar, aunque sea de lejos. La historia confirma que esta tarde, 2 de noviembre de 2008, podemos asegurar que hemos sido testigos del final más apasionante que se recuerda en el más de medio siglo de Fórmula 1. Hoy, usar superlativos no es exagerar.
Junçào, Subida dos Boxes y Arquibancadas
Si hay algo que nos gustaría escuchar a los aficionados es la radio de equipo de Ferrari en el momento en el que Massa cruzó la línea de meta. Felipe asegura que Rob Smedley, ingeniero de pista de Massa, le dijo que Hamilton era quinto y había ganado el mundial. Pero eso ocurrió después de que el brasileño viera la bandera de cuadros. En Ferrari, de hecho, tuvieron que esperar a ver la tabla clasificatoria para saber exactamente si habían ganado o no. Durante ese tiempo, Massa miraba a su público impaciente, incrédulo, ante un ensordecedor griterío que le confundió y, a buen seguro, le hizo saberse campeón. Cuando finalmente se confirmó el fiasco, las lágrimas no pudieron más que salir de sus ojos. El trazado José Carlos Pace enmudeció y rompió en abucheos hacia Hamilton, a pesar de todo, digno vencedor con un adelantamiento que vale un mundial.
Aunque de forma mediática y sensacionalista se dice que el mundial 2008 se ha decidido en la última curva del mundial, lo cierto es que fue en la antepenúltima del trazado brasileño: Junçào (que traducido significa “cruce”) es donde Lewis Hamilton adelantó a Timo Glock; es decir: dos curvas antes de entrar en la línea de meta, aunque es verdad que esas dos últimas curvas son prácticamente una introducción a la rápida recta de meta. Junçào es el viraje precedente a Subida dos Boxes (la rápida curva pegada al muro del público) y Arquibancadas (“gradas”, en portugués), última curva de verdad del trazado. Eso no quita ni mérito ni espectacularidad al final del mundial, pero sí es un dato que tener en cuenta, pues precisamente en Junçào ya se han visto maniobras importantes en el pasado: Ayrton Senna cometió aquí un trompo cuando rodaba en solitario en 1994. También el año pasado Felipe Massa estuvo a punto de salirse en este lugar, cuando se pasó de frenada siendo líder. Este mismo año, fue donde Sebastian Vettel adelantó a Lewis Hamilton a tres vueltas del final, hipotecando su título mundial. Sería ahí mismo donde, finalmente, ambos pasarían a Glock, lo que le valdría al inglés el título de campeón más joven de la historia. Sin duda, una curva aparentemente nada especial sobre el mapa pero muy importante en la historia de la Fórmula 1.
Pero la curva Junçào no siempre fue así; de hecho, este tramo ni siquiera se
llamaba Junçào, sino que correspondía al tramo de Mergulho. Junçào era una
porción de pista hoy desaparecida, cuyo nombre heredó la actual curva. Hasta
1990 ni siquiera era como ahora: era más abierta, con más metros, pero fue
recortada y, aún hoy, puede observarse los restos en la escapatoria del trazado
actual. Hoy, sin duda, ha sido un cruce de caminos entre las aspiraciones de dos
hombres en el que sólo uno podía salir bien parado. Y Hamilton tenía
preferencia.
Un trofeo ecológico
El bonito trofeo, de cinco kilos de peso y diseñado por el arquitecto de 100 años de edad Oscar Niemeyer, estará en las vitrinas de Ferrari y de Massa, quizá recordándoles lo que pudo haber sido y no fue: el mundial no sólo se perdió en Brasil, sino también a lo largo de un campeonato con demasiados altibajos. Una vez más toca repasar y aprender que cada punto es oro y que en demasiadas carreras los han tirado a la basura de manera dramática.
La aleación con la que están hechos los trofeos de los tres primeros en el Gran Premio de Brasil 2008 se llama comúnmente “plástico verde” y, de hecho, es el primero en la historia realizado con polímeros renovables, producidos a partir de caña de azúcar y etanol, ajustando el producto perfectamente dentro de los protocolos de medio ambiente, aunque dudamos enormemente de que ninguno de sus dueños sea capaz de reciclarlo. Un trofeo ecológico que, a buen seguro, encaja perfectamente en la hipócrita visión de Max Mosley y Bernard Ecclestone sobre la Fórmula 1 en el presente: quieren convertirla en un producto no sólo compatible con la naturaleza, sino beneficiosa para ella, con iniciativas tan desconcertantes como los neumáticos verdes de Japón. No hicieron lo propio en el Gran Premio de Alemania cuando el trazado de Hockenheim fue ampliado y con ello se destruyeron cientos o miles de árboles. Pero bueno, eso no importa: hoy tenemos trofeos reciclables que nunca se reciclarán.
¿Qué ha pasado?
Aún hoy cuesta explicarle a alguien que no haya visto la carrera qué es lo que realmente ha pasado. Cuando la bandera de cuadros bajó, McLaren-Mercedes y Ferrari estaban festejando al unísono haber ganado el mundial de pilotos. Los dos, creyéndose campeones. ¿Qué ha pasado? ¿Error en la tabla clasificatoria? ¿Problemas en los cronometrajes? No. Timo. Y no nos referimos a la acción o efecto de timar, a un hecho injusto o a lo que comúnmente se denomina tongo, sino a Glock, el piloto de Toyota que, sin querer, se convirtió en una especie de fantasma al que (todo hay que decirlo) casi nadie vimos: ni los comentaristas televisivos españoles (aunque sí los ingleses y los brasileños), ni Pedro de la Rosa ni todo el personal de Ferrari en los boxes. Tan enfrascados estábamos viendo el ya de por sí increíble duelo entre Hamilton y Vettel que creímos que ese Toyota (que era incapaz de mantenerse en pista sin dar tumbos) era un doblado. Pero en realidad no era sino el hasta entonces quinto clasificado de la carrera. Es decir: la frontera que Hamilton tenía que rebasar para convertirse en campeón del mundo. Cuando Vettel lo adelantó, el de Toro Rosso era cuarto y Hamilton sexto. Pero cuando Hamilton también lo rebasó a pocos metros de la bandera de cuadros, se alzó hasta el quinto lugar. Lo había conseguido: no tenía por qué adelantar a Vettel; ya era campeón del mundo por la mínima diferencia posible: un punto (si hubieran empatado, Massa habría ganado pues tiene más victorias que él).
Demasiados datos, acciones y eventos en tan pocos metros. Quizá por eso pocas veces se ha visto a un equipo completo festejar un campeonato del mundo cuando en realidad lo había perdido. Pocas veces el padre de un piloto puede recibir un jarro de agua más fría que el que empapó las espaldas del de Massa. Pocas veces la crueldad de un deporte se torna tan dura contra tanta gente. Pocas veces un equipo ha sido tan inocente al no comprobar la tabla de tiempos en vez de fiarse de su corazón completamente desbocado. Pocas veces un deporte puede ser tan cruel y, al mismo tiempo, tan dulce: cruel para Massa y su afición; dulce para Hamilton y sus seguidores. Hoy hemos aprendido una lección que ya advertimos en nuestro previo: las carreras no acaban hasta que no se publica la clasificación oficial.
Crónica de cómo lo imposible es posible
La emoción reinaba en el ambiente paulista ya desde antes de la salida. El aire no sólo olía a agua, sino que también tenía esa pátina de extrañeza, de rareza en el ambiente, de olor a incertidumbre. McLaren quería una carrera aburrida, sosa, sin percances, sin incidentes… Y estaba claro desde la misma salida (retrasada diez minutos por la lluvia) que no era ni el día ni el lugar para esos deseos: el título mundial pasó de uno a otro a lo largo de la carrera, aunque siempre con una clara ventaja en las manos del inglés. Ya desde la salida, Hamilton fue incapaz de aumentar su mínima ventaja: cuarto en parrilla no era como para sentirse orgulloso ni tranquilo. El mundial parecía que de nuevo se le esfumaba cuando tras la primera parada para cambiar a neumáticos de seco salió séptimo. Todo parecía chafado. Pero poco a poco se fue deshaciendo de los rivales y regresó al cuarto lugar. El título, en el bolsillo. Por una vez, no cometió errores y tampoco quiso forzar la mecánica. Rodó inteligentemente y realizó algún adelantamiento de aplauso. La pista seca era su mejor aliada. Pero, de nuevo, esos “guionistas” ocultos en las nubes quisieron descargar algunas gotas de agua (tampoco muchas) para permitir que Hamilton perdiera una posición en boxes: Vettel y Glock eran entonces sus pesadillas. Sebastian siempre luchó contra él durante la carrera, pero fue Timo quien se arriesgó a no parar y seguir hasta el final sin detenerse. Eso le permitió ahorrar los aproximadamente veinticinco segundos que se pierde en un repostaje, así que pudo ponerse por delante de Hamilton en una maniobra muy arriesgada, siempre a expensas de la lluvia.
En ese momento, el de McLaren era quinto y al límite del precipicio. Pero entonces el corazón Ferrari del Toro Rosso de Sebastian Vettel comenzó a latir con tanta fuerza que adelantó a Lewis a falta de tan sólo dos vueltas para el final. Las cruzadas, los derrapajes y los contravolantes inundaron el trazado como el agua el asfalto. Con control de tracción, este mundial no habría sido el mismo. Hamilton se convirtió en esos momentos en subcampeón del mundo. Los fantasmas del pasado (errores, impotencia, nervios y sueños rotos) regresaron con tanto peso que se convirtieron en un lastre insuperable que le impidió aguantar el ritmo del Toro Rosso; fue incapaz de intentar una maniobra segura para recuperarse. El mundial estaba en las manos de Massa que, tras una carrera perfecta, seguía líder con una ventaja aplastante. Los doblados comenzaron entonces a hacer de las suyas: algunos se desdoblaron y otros ignoraron las banderas azules por las que debían dejarse pasar con facilidad. Entre ellos, barajado, estaba Timo Glock, el piloto de Toyota que aunque rodaba a ritmo de doblado realmente ocupaba el quinto lugar. Timo no había cambiado de neumáticos, por lo que rodaba con los de seco sobre el agua. En sólo una vuelta, perdió veinte segundos. Tanto Sebastian como Lewis le estaban alcanzando rápidamente. Cuando Vettel lo adelantó, Hamilton no perdió comba. Nada pudo hacer el Toyota, que parecía un pato mareado rodando con neumáticos de seco sobre la mojada pista. Desde ahí hasta la meta, a penas unos metros y una recta después, Timo perdió nada más y nada menos que cuatro segundos; una buena muestra de la tortura que sufrió el de Toyota por mantenerse en pista. Pero era la única oportunidad que tenía para adelantar a Lewis. Una táctica demasiado arriesgada que, en cualquier caso, le brindó una buena sexta posición. Jamás nadie podría haber imaginado algo parecido. La realización no sabía qué poner en los títulos sobreimpresos. Los equipos no sabían qué había pasado. Los familiares estaban confundidos. La afición brasileña rompió en estruendos y celebraciones a pesar de que Massa, en verdad, había perdido. La lluvia mojó entonces sus sueños, sus esperanzas, su aliento… Y apagó el fuego con el que, durante todo el fin de semana, habían avivado a Felipe. Nadie puede negar, en verdad, que este final ha sido el más emocionante de cuantos se recuerdan.
Hamilton, el nuevo rey
En cualquier caso, Lewis Hamilton es el nuevo campeón del mundo de Fórmula 1. El más joven, de hecho, que deja a Fernando Alonso sin récords de precocidad, aunque preguntado sobre este tema, el español contestó sonriendo: “Que me quite el de dos títulos mundiales”. También es el primer piloto negro en ganar un mundial, el primer inglés tras Damon Hill (1996) y el primer piloto de McLaren tras Mika Häkkinen (1999). El chico parece haber aprendido a mantener la cabeza fría: no se ha arriesgado con maniobras absurdas para ganar posiciones innecesarias; si ha adelantado lo ha hecho porque era estrictamente necesario para el mundial. Al final se le ha echado de menos en el podio, donde ni tan siquiera ha podido festejar su título, en cualquiera de sus cajones. En su lugar, ha sido Felipe Massa quien ha soltado sendos discursos (en inglés y en portugués) tras una victoria aplastante. Nadie puede negar que quien más puntos consigue se merece el título, aunque Lewis tiene una victoria menos que Massa en esta temporada: cinco a seis. Los números tampoco impresionan (una media de 5,4 puntos por carrera); la superioridad tampoco ha sido aplastante; la diferencia de nuevo ha sido mínima… Niki Lauda sigue siendo el campeón del mundo con menos diferencia en la historia (en 1985, con medio punto sobre Alain Prost), pero Hamilton se está acostumbrando a los finales apretados. Deja los deberes sin hacer y al final toca sufrir. En cualquier caso, es una táctica perfectamente válida y representativa de un deporte cuyos participantes se baten en cada cita, consecuencia de una alta calidad competitiva y de una exigencia extrema. Por eso, hoy Hamilton es el rey y toca felicitarle.
La última carrera de Coulthard
Y como casi todos los finales de temporada, este año también hay despedidas. Esta es especial: David Coulthard, el eterno aspirante a campeón del mundo en los 90, dice adiós a la Fórmula 1 de manera triste: un toque en la primera curva nos deja con unas impresionantes imágenes del accidente tomadas desde su mismo casco, pero con un amargo sabor de boca. Aunque el escocés ha logrado 535 puntos a lo largo de 246 carreras (es el quinto piloto con más puntos en la historia), “sólo” ha ganado trece pruebas y ningún campeonato. Ahora recordamos entrañablemente cuando se autoproclamaba campeón del mundo en cada pretemporada, lo que le confería una confianza en sí mismo que, a veces, le traicionó. Tantos momentos que archivar, buenos y malos, como el accidente en los boxes en Australia 95 cuando rodaba primero, la lucha con Schumacher en Francia con corte de mangas incluido, el accidente múltiple y el choque con Schumacher en Bélgica 98, los duelos con Alonso, las victorias en Mónaco (2000 y 2002)… Quizá Coulthard no entre en la historia como uno de los mejores, pero igual que otros pilotos sin corona como Alesi, Berger, Frentzen o Villeneuve padre, permanecerá en el recuerdo de los aficionados por el espectáculo ofrecido en la pista y las horas de diversión pura y dura.
Gracias
Lo que está claro es que el trazado José Carlos Pace nos ha brindado hoy otra carrera inolvidable. Otra jornada apasionante. Otra muestra que echa por tierra los siempre tópicos manidos y ya incoherentes de que la Fórmula 1 es aburrida. Brasil es siempre algo más en el mundial de Fórmula 1: una cita entrañable y sinónimo de emociones fuertes. Entrañable por el público, por el ambiente, por su circuito, por su clima, por sus curiosidades: el 80% de la organización lo componen mujeres (en un deporte mayoritariamente visto por hombres); durante la ceremonia del podio se escucha una samba (compuesta por Joao Parahyba especialmente para la ocasión) y la lluvia siempre es una invitada que se cuela sin llamar y desbarata todos los planes. Así es Brasil. Así es la Fórmula 1. Y así la hemos vivido. Sólo nos queda despedirnos, también, aunque nosotros sí volveremos el año que viene, para celebrar con vosotros nuestros diez años repasando cada carrera, analizando cada incidente, buceando en la historia, adentrándonos en el mañana y soñando de vez en cuando. Hasta entonces, gracias y larga vida a un deporte tan apasionante. Hoy hemos ganado todos. Felicidades a los merecidos campeones.