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Gran Premio de Bélgica

05/09 - 07-09-2008 Spa-Francorchamps Spa-Francorchamps
Spa-Francorchamps

Análisis

Intervención divina

"Ha sido la peor decisión en la historia de la Fórmula 1". Son las declaraciones del expiloto reconvertido a experto periodista del automovilismo, Niki Lauda. ¿La peor? Frágil memoria la del austriaco. "Ha sido la más perversa que he visto jamás". Quizá no recuerda lo que pasó la anterior temporada en Hungría cuando penalizaron a Alonso por quedarse en su propio box; o un año antes en Monza cuando también a Alonso le penalizaron por supuestamente obstaculizar a Massa, que en realidad rodaba más de cien metros por detrás; o cuando le quitaron el mundial a Ferrari en 1999 por irregularidades en los pontones laterales y se lo volvieron a dar minutos más tarde por arte de magia; o cuando Montoya sufrió un Stop & Go en Malasia en 2002 cuando claramente Schumacher se lo llevó por delante y le echó de la pista; o cuando Senna perdió el mundial en Suzuka contra Prost en 1989… Hoy es muy fácil ponerse del lado del piloto penalizado, elevarlo a héroe, superhombre y demás palabrerías, pero hay más detrás de la demagogia. Mucho más.

Las Ardenas
Arduenna Silva era un bosque de la Antigua Roma. Julio César se refería a él como una enorme masa arbórea de setecientos kilómetros de longitud. "Ar Duen" significa "la negra" y hace referencia a las selvas y montañas negras del lugar. El nombre fue degenerando hasta terminar en el actual Ardennes. Hoy, los sonidos siempre trágicos y desagradables de las guerras (la Primera y la Segunda Mundiales) han dado paso a la tranquilidad, los paseos en bicicleta y los turistas anhelantes de paz y silencio. Pero ese silencio se rompe una vez al año cuando llegan los monoplazas de la Fórmula 1. Este año la lluvia ha jugado con todos nosotros: gran chaparrón dos horas antes de la carrera, pero cielo calmado durante la misma. ¿Qué clase de perverso travieso descargaría una tromba de agua a sólo dos vueltas de terminar la prueba? La Naturaleza es impredecible, y en las Ardenas más todavía. Por eso el cielo se rompió justo cuando Lewis Hamilton estaba alcanzando a Kimi Räikkönen, que se las veía muy felices tras el incomprensible y estúpido trompo del inglés en la segunda vuelta. Después de toda la carrera en primera posición, tras aguantar estoicamente y a falta de catorce kilómetros casi de rutina, el finlandés volvió a desatar su espíritu camicace.

Quizá enrabietado y furioso por el ilegal (o al menos antideportivo y poco elegante) adelantamiento de Lewis, acabó estrellándose contra el muro tras cometer infinidad de errores menores. Hamilton ganó así la carrera sobre la pista, pero los comisarios han dictaminado que tuvo una actitud antideportiva al aprovecharse de su salida de pista; y en teoría tienen razón. El problema es que Hamilton no es del todo el culpable: la culpable es la FIA por construir y permitir escapatorias tan perfectas, mejor asfaltadas que la mayoría de vías secundarias de la red de carreteras nacional. Si los circuitos estuvieran bien diseñados, probablemente habría menos intervención "divina" y sería la propia lógica la que dejaría fuera de juego a quienes se lo merecieran. Y Hamilton no sería el único: Trulli, ni corto ni perezoso, se metió en la pista tras hacer un trompo en la Parada del Autobús sin importarle que un pelotón se dirigiera hacia él; Räikkönen también usó el exterior de Pouhon como si una autopista se tratara… A este paso habrá que poner bordillos en las escapatorias, carriles de incorporación y aceleración y "ceda el paso" para ayudar a los pilotos a volver a pista. Eso sí, ¿qué pasará cuando un piloto se haya salido antes y esté parado en esas zonas que, en principio, son de seguridad y no son aptas para circular? Es como si usamos los arcenes de las autopistas para adelantar cuando nos venga en gana…

Cortar una chicane con el acelerador a fondo
Siempre es odiosa la intervención de los comisarios cuando tienen que imponer penalizaciones, sobre todo cuando la carrera ha terminado y se le ha entregado el trofeo a alguien. Pero esto ha sido así durante mucho tiempo, no es la primera vez. Los despachos suelen ejercer de contrapunto al deporte, la competición, el riesgo sobre la pista y la emoción de los aficionados. Sin embargo, las penalizaciones se ajustan a un reglamento que todos los pilotos, por el simple hecho de participar en este deporte, asumen, entienden y aceptan. Otra cosa es la interpretación de ese reglamento, tan ambiguo en demasiadas ocasiones, pero de cuya ambigüedad nadie se preocupa hasta que le sancionan; entonces sí que se critica al reglamento y a las decisiones de los comisarios, pero nunca antes. Y así nos va. Lo que está claro es que, con el reglamento en la mano, la sanción a Hamilton es correcta: el inglés sacó un claro beneficio cortando la Para del Autobús para ganar la carrera. Como no daba tiempo a hacerle pasar por boxes, tuvieron que añadir veinticinco segundos a su tiempo de carrera. Pero ¿por qué le sancionan si dejó pasar a Kimi en la recta de meta? Es cierto, pero lo hizo con el acelerador a fondo, con una trayectoria y unas revoluciones en su motor imposibles de conseguir en ese punto. Es decir: se aprovechó de salirse de la pista para adelantar en la Source al de Ferrari. Esto es así de claro, pero ni Kimi ni Lewis son los culpables reales; una vez más, la FIA tiene gran parte de la culpa de que hoy hayan creado una polémica agria que ha empañado uno de los finales de carrera más increíbles que se recuerdan. Una lástima.

Las escapatorias asfaltadas: las culpables
El problema que planteamos, mientras todo el mundo se vanagloria de lo emocionante que es la Fórmula 1 (y no lo dudamos), es que con la excusa de la seguridad han convertido en pista lo que no es: las escapatorias y las puzolanas. Si realmente son para frenar los coches en las salidas de pista, ¿por qué se puede rodar por ellas como si fueran parte de la pista? Tomemos como ejemplo la Para del Autobús, lugar de la discordia: ¿por qué Hamilton pudo saltársela mientras aceleraba más que el Ferrari, que iba por dentro de la pista? ¡Es absurdo! Y lo mismo ocurrió con Kimi más tarde: ofuscado, desatado, enrabietado y desquiciado, aceleró de tal manera en Pouhon que casi adelanta a Hamilton por fuera de la pista. Esto es incomprensible. Los ingenieros y diseñadores han de quebrarse la cabeza para impedir que un coche que se sale del trazado corra más que uno que va por dentro. Es de cajón. Si no, ocurre lo de hoy: un piloto gana una carrera y la intervención de las siempre odiosas sanciones enturbia los resultados deportivos. Si Hamilton hubiera tenido su merecido con una escapatoria de grava, bordillos altos o cualquier otro medio para frenarle, ahora no habría polémicas.

Las escapatorias ya no son los que eran
Hoy muchos ensalzan a Hamilton, sus dotes como piloto, como mago sobre el agua, como rey de la lluvia, maestro de Spa… ¿Pero realmente lo hizo tan bien? A sus declaraciones, como siempre, no les falta prepotencia: "Quería que lloviera porque sabía cómo pilotar sobre pista mojada. Sabía cuál era el límite." Eso aseguraba un sonriente Lewis Hamilton antes de saber que sobre él iba a caer la penalización. Es extraño: si saber conducir bajo la lluvia y conocer los límites significa salirse tres veces de la pista y hacer un trompo en la segunda vuelta, el concepto de buen pilotaje es extraño para el de McLaren. Claro, que si entendemos sus palabras en el sentido de que sabía cómo entrar y salir del circuito como si las escapatorias fueran cruces alternativos, tiene razón: la Para del Autobús no le detuvo, quizá porque creía que si no llevaba un autobús podía saltársela; Pouhon no había por qué hacerla por dentro; Eau Rouge no supuso ningún problema para él cuando en la última vuelta la tomó por fuera de la pista para no hacer un trompo; y en Fagnes…  ¡en Fagnes había otro coche parado, así que por qué no salirse recto! Quizá Hamilton debiera medir sus palabras, bajar a la Tierra y comprar algo de humildad: su carrera quedó hipotecada por un error garrafal casi en la salida materializado en un trompo incomprensible del que hoy (quién sabe por qué) nadie se acuerda.

¿El mejor final o el mejor engaño?
Y que conste que no queremos ser aguafiestas; sí, de acuerdo: lo que hoy hemos vivido en Spa sólo lo puede regalar un trazado como este. Sólo las Ardenas pueden albergar un espectáculo como el de hoy, increíble, emocionante, impredecible y espectacular. Un final de carrera de casi película (probablemente ningún guionista se atrevería a escribirlo por si le tachan de fantástico), de infarto y, quizá, uno de los más locos que se recuerdan en toda la historia de este deporte. Kimi y Lewis también demostraron una increíble valentía por rodar con neumáticos de seco hasta el final, y Lewis hizo una remontaba soberbia. Pero tampoco queremos hacer el típico artículo de "me ha gustado mucho la carrera de hoy" y ver sólo una parte de la historia. Hay que decirlo todo. Y es que, a pesar del chaparrón inesperado de las últimas dos vueltas, a pesar de las numerosas salidas de pistas, a pesar de los incidentes, las cruzadas y los trompos… sólo tres abandonos asoman en la clasificación de esta carrera. Y todos menos Räikkönen se produjeron con la pista seca. ¿Cómo es posible? Como aventurábamos en nuestros anteriores artículos, las nuevas escapatorias de asfalto son más seguras, pero también sirven para que los pilotos las aprovechen para seguir en carrera y demostrar menos habilidad y concentración que hace unos años, cuando pisar con sólo dos ruedas fuera de la pista era sinónimo de abandono.

Aunque es verdad que los circuitos son más seguros (en realidad, sólo sobre seco, pues sobre mojado las escapatorias de asfalto son aún más resbaladizas y peligrosas), nadie puede negar que hoy también es más fácil seguir en pista; esto es así: hoy se necesita menos habilidad para llegar a meta, pues se pueden hacer trompos, salidas de pistas y rectos sin preocupación a quedar encallado en la grava. Hace diez años, ni Hamilton ni Räikkönen (ni la mitad del pelotón) habrían terminado la carrera. Antes la conducción debía ser milimétrica, exacta, pura, casi robótica… Ahora siempre queda el recurso de acelerar por las puzolanas. Una lástima, pues desmerece el espíritu de este deporte, de los grandes del volante cuya concentración debía ser siempre máxima, de la elite del automovilismo mundial… Sacrificamos el riesgo, pero tenemos más emoción. Sólo cada uno de nosotros podrá decidir si merece la pena. En cualquier caso, así se hace un flaco favor a los pilotos regulares, los que no cometen errores pero están sentados en coches inferiores, precisamente esperando en la sombra carreras como las de hoy: esperando los fallos de los de arriba para aprovecharse y remontar posiciones. De nada sirve si los de arriba se salen cinco o seis veces de la pista y siguen primeros. 

Renault, estrategia correcta pero tardía
Por otro lado, la carrera de Fernando Alonso fue también movidita. Tras un espectacular adelantamiento a Bourdais en la primera vuelta, su carrera estaba destinada al éxito. Un cuarto puesto sabía a gloria, pero casi se convierte en podio tras el accidente de Räikkönen. Entonces llegó la locura: parada en boxes a falta de una vuelta. En un principio, nadie nos lo creíamos. Hubo quien ya preparaba su hacha para despellejar a Renault, pero al final la estrategia de los franceses se reveló como la acertada, aunque algo tardía. No hay más que ver qué habría pasado si Alonso no hubiera cambiado los neumáticos: Bourdais se las veía tan felices con su tercera posición a falta de una vuelta… y al final acabó séptimo.

Puede ser que parar a una vuelta del final parezca una locura y un error, pero si tenemos en cuenta que Spa mide siete kilómetro de longitud (el doble que un circuito medio normal), cada metro con neumáticos de lluvia sobre esas condiciones (y con el resto de coches con ruedas de seco) brinda una ventaja abismal. No hay más que ver que Alonso adelantó a cuatro monoplazas en los últimos seis kilómetros de la carrera, aprovechando incluso los últimos metros de entrada a meta (una de las llegadas más apretadas e impresionantes con sólo una décima de diferencia con Vettel). Así lo entenderemos mejor: en la última vuelta con neumáticos de seco, Fernando Alonso rodó catorce segundos más rápido que Lewis Hamilton, que iba con ruedas de seco. Y eso no es todo:  Heidfeld, que cambió sus ruedas una vuelta antes, rodó nada más y nada menos que treinta y cinco segundos más rápido que el inglés sólo en el último giro: una barbaridad. Eso les permitió tanto a Nick como a Fernando adelantar como posesos a los lentísimos coches que naufragaban sobre la inundada pista. El alemán llegó a sólo catorce segundos de Massa, por lo que en una vuelta más también le habría adelantado fácilmente. Una buena muestra de que el cambio de neumáticos era una decisión acertada, aunque muy difícil de asumir.

Así pues, a este Gran Premio no le faltó de nada: estrategia, incertidumbre, adelantamientos, luchas y polémica. Y todo sobre un auténtico escenario precioso hoy en día en peligro de extinción por culpa de la proliferación de los ultramodernos pero asépticos e insulsos circuitos de Tilke. Aunque, claro, siempre nos quedará la lluvia.

Semáforo verde:

  • Nick Heidfeld: Gran podio para completar una buena actuación durante todo el fin de semana. Al fin.
  • Fernando Alonso: Fantástico. Faltó el podio, pero su actuación durante toda la carrera fue grandiosa. Ojalá se valorara como se merece. 
  • Toro Rosso: Los dos coches en los puntos, con Vettel en la quinta posición. No está mal.
Semáforo rojo:
  • Lewis Hamiton: Penoso desde la segunda vuelta, con el trompo, hasta las últimas dos con las salidas de pista.
  • Kimi Räikkönen: Nervioso y enrabietado, en absoluto se merece el apodo de "Hombre de hielo".
  • Timo Glock: Le han cortado las alas: le han penalizado por adelantar mientras ondeaban las banderas amarillas por el accidente de Kimi. Se queda sin punto. 
  • Nelson Piquet: Vuelve a confirmar que lo de Alemania fue casualidad…
Redacción TheF1.com - Héctor Campos