Gran Premio de Australia
14/03
- 16-03-2008
Albert Park
Análisis
Viva los madrugones
Cinco en punto de la mañana. La noche aún duerme a los habitantes de esta ciudad. Algún pájaro quiere despertar, pero los rayos del día todavía no han teñido de azul el cielo. Suena el despertador. Es domingo, pero toca que madrugar. Nunca me costó tan poco: hoy comienza el mundial; hoy toca Albert Park, uno de los circuitos más carismáticos del año, lejos de la tendencia de los modernos, seguros pero insulsos nuevos circuitos que comienzan a inundar el calendario expulsando a los grandes monstruos de la historia del automovilismo. Albert Park tiene sólo doce años, pero es una cita ya clásica: el primer madrugón para una carrera, seguro, llena de emoción. ¿Quién dijo que Melbourne sobra del calendario?
Doce años de mágicos madrugones
Quizá haya algo de resaca, pero hoy no duele. Unas pocas horas de sueño es suficiente trámite para decirle al cuerpo que hoy no va a descansar como quisiera. Sin levantarme de la cama, las parpadeantes luces de la televisión inundan la estancia. Para mí, ya ha comenzado el día; ya ha comenzado el año; ya ha comenzado un nuevo mundial. Sí, hay sueño, pero los muros de las carreteras de este peculiar trazado lo eliminan a medida que se acerca el momento de contemplar la salida. Semáforos rojos y las dos primeras curvas más traicioneras. Chirriar de neumáticos y primeras sorpresas. Massa se empeña en demostrar por qué no es campeón del mundo: salida de pista en solitario y absurda. Primeros toques e incidentes. Los árboles lanzan su sombra sobre la pista y añaden un toque más entrañable aún a un ambiente único, en mitad de un parque lleno de agua.
Cuando los dos Williams salieron escopetados el 10 de marzo de 1996, abrieron la historia de un circuito complicado y quizá algo inseguro. Aquél día, Jacques Villeneuve estuvo a punto de convertirse en el primer debutante en ganar el día de su debut. Un problema en su monoplaza le obligó a ceder su primer puesto a Damon Hill, que se convirtió en el primer vencedor en Albert Park. Aquella carrera quedó impresionada en las retinas de quienes la vimos a aquellas intempestivas horas por el vuelo de Martin Brundle, que partió su coche en dos en un accidente escalofriante del que salió ileso.
Las cosas eran entonces muy diferentes a hoy: los Williams eran los dominadores, mientras que McLaren trataba de hacerse un hueco sin mucho éxito. Pero si algo contrasta sobremanera al mirar la clasificación de aquella carrera y compararla con la de este año, es ver dónde están los Ferrari. ¿Qué decir? En 1996, Eddie Irvine acabó en el podio: tercero. Una posición por la que ahora pagarían tanto Kimi Räikkönen como Felipe Massa, los dos grandes derrotados y humillados de la última cita australiana.
Cementerio de ilusiones
¿Qué ha pasado en Ferrari? Sí, son rápidos. Incluso Kimi protagonizó una buena remontada con adelantamientos perfectos hasta su estúpida pasada de frenada. Para completar el fiasco, hizo un trompo al luchar nada más y nada menos contra Timo Glock. Felipe también pudo haber hecho una buena actuación, pero lo estropeó en la primera curva. Ninguno de los dos es nuevo; Kimi es campeón del mundo y, aunque muchos laureados han cometidos también errores, no se espera de alguien que se tatúa “iceman” en el brazo. Las manos de ambos tiemblan con demasiada facilidad ante situaciones no tan complicadas. Son estos errores los que luego pasan factura, a final de año. ¿Y Ferrari? Aseguraron que iban a solventar los problemas de fiabilidad en la pretemporada, pero esta sigue siendo la asignatura pendiente de Maranello. Como cura de humildad les vendrá bien. Pero es que la carrera fue tan dura que sólo llegaron siete monoplazas. De ellos, sólo McLaren y Williams lograron llevar a sus dos monoplazas hasta la meta. BMW y Renault sólo lo lograron con uno de sus participantes. Ferrari, Toro Rosso, Super Aguiri, Red Bull, Force India y Honda (si contamos la descalificación de Barrichello) ni siquiera lograron cruzar la línea de meta. Impresionante cementerio de ilusiones.
Una gran parte de esos abandonos corresponde a fallos humanos. La ausencia del control de tracción ha hecho de las suyas, y fue una delicia disfrutarlo, no en los accidentes, sino en las derrapadas controladas de los verdaderos magos del volante, como Hamilton (que logró una victoria a lo Michael Schumacher) y, cómo no, Fernando Alonso, el otro gran triunfador, que sabe como nadie aprovechar el deslizamiento del monoplaza sobre el asfalto para ganar una velocidad que le falta a raudales al R28. El español peleó como un auténtico jabato, en una situación mucho peor que la de los Ferrari, y salió triunfante y con su prestigio bastante más fortalecido que los de Maranello. Eso sí son manos: luchar contra el McLaren de Kovalainen y el Ferrari de Kimi con un monoplaza que corre menos que los Toro Rosso (fue incapaz de coger a Bourdais hasta su abandono) fue apoteósico. Su doble adelantamiento estuvo lleno de picardía, sabiduría y madurez. Afortunadamente, y aunque el Renault le desluzca, las manos de Alonso siguen estando muy en forma. Bastante más que su sustituto en McLaren: lo de Kovalainen fue tan esperpéntico que casi pareció un homenaje a Hamilton, recordando cómo el inglés perdió su campeonato en Brasil el año pasado. O el volante de McLaren tiene un botón enorme para limitar la velocidad en boxes, o algo extraño pasa con sus pilotos.
Melbourne y su parque
Si buscamos Albert Park en el famoso Google Maps, aparece el parque antes de ser circuito. Ya se intuye el boceto de lo que sería un autódromo, todavía sin puzolanas, escapatorias, vallas ni muros. Un parque transformado en autódromo; como Monza. Y como en Monza, tampoco faltan las manifestaciones en contra del circuito. Es cierto: la Fórmula 1 es molesta: hace ruido, contamina, gasta dinero y, en general, es engorrosa para una ciudad como esta. ¿Dónde está el equilibrio? ¿Sacar la carrera de allí y llevarla a otro circuito insulso? ¿Cambiar el horario y celebrar la prueba por la noche?
Bernard Ecclestone (a quien todo el mundo llama Bernie, a pesar de que casi nadie le conoce en persona y, sobre todo, a pesar de que no cae bien a casi nadie) se ha empeñado en impedirme madrugar, tomar churros, ver amanecer con el rugir de los motores de fondo y disfrutar del silencio de una ciudad dormida. El jefe de este deporte (que asegura querer convertir en internacional) quiere que estas pruebas que en Europa se ven de madrugada, cambien su horario para adaptarse a los europeos… ¡Gran manera de tratar a los aficionados del resto del mundo! ¡Buena medida para abrir nuevos mercados en otros países! ¡Valiente tomadura de pelo y grosería para los australianos! Su nueva oferta es que el Gran Premio de Australia comience a las cinco de la tarde (hora local) para que en Europa sea por la mañana temprano. La idea de la carrera nocturna no convence a los organizadores. A mí tampoco: Melbourne no sería lo mismo sin el sol brillando por entre las ramas de los árboles del Albert Park y sin los aviones supersónicos reventando los oídos de los locutores. Gracias, Bernard, pero me gusta madrugar en marzo.
Semáforo verde:
· Lewis Hamilton: Primer ganador del año, apunta alto para ganar su primer mundial.
· Fernando Alonso: Ser cuarto con este Renault es como ganar la carrera. Además, por méritos propios. Magnífico. Sólo quienes realmente saben de este deporte sabrán apreciar lo que ha hecho. Grande.
· McLaren: Pese a Kovalainen, ha sido el equipo más fuerte durante todo el fin de semana. Que se preparen, pues la revancha roja puede ser cruenta.
· Heidfeld y Rosberg: Se cacareaba mucho que este año sólo íbamos a ver en el podio a pilotos de Ferrari y McLaren. Para ser la primera carrera, cada piloto de cada peldaño es de un equipo diferente. Ojalá la variedad siga siendo así de competitiva e interesante durante toda la temporada.
· Bourdeais: ¡Vaya con el debutante! Si no fuera por su rotura, ahora estaríamos hablando de una proeza. ¡Y eso que iba con un coche del año pasado!
Semáforo rojo:
· Ferrari: Sin comentarios.
· Kovalainen: Don’t push this button, please.
· Nelson Piquet: Decepcionante debut para un nombre tan ilustre.
· David Coulthard: La veteranía no lo es todo: echa la culpa a los retrovisores, pero su choque con Massa no fue cosa de retrovisores, sino de atención.
· Mecánico de Honda: Pese a lo que dijeron algunos periodistas televisivos, no fue Barrichello quien se equivocó en el incidente de boxes donde se llevó puesta la manguera de la gasolina: el encargado de indicarle la conclusión del repostaje se erró y le dio la salida. Año tras año, vemos el mismo peligroso error repetido. ¿Para cuándo un sistema que boqueé el coche si tiene la manguera insertada?
Lo dijo...
· Flavio Briatore: “Lo que más disfruté de la carrera fue ver la cara de Ron Denis”
· Fernando Alonso sobre Kovalainen: “Otro que se equivoca con el botón”
· David Coulthard: “No se ve nada con los retrovisores en los pontones”
· Niki Lauda, sobre Ferrari: “Todo lo que podían hacer mal, lo hicieron mal”
· Giancarlo Fisichella: “Otro piloto ha chocado contra mí como un camicace”
· Kimi Räikkönen: “No terminar es un poco mejor que nada”
