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Gran Premio de Alemania

18/07 - 20-07-2008 Hockenheim Hockenheim
Hockenheim

Análisis

El bosque encantado

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Al caer la tarde, el ruido se ha disipado lentamente hasta convertirse en silencio. Atrás quedan los truenos y el griterío de la gente. El verde es inmensidad en una manta de árboles perennes que permiten, quizá a su pesar, su allanamiento anual. Sin embargo, desde hace unos años, ya no se despiertan los pájaros con la furia de la tormenta. Las hojas ya no bañan el asfalto hasta convertirse en lluvia. La grava se ha vuelto inservible y la hierba la invade inexorablemente. Caen la tarde y el silencio sobre Hockenheim. Duerme la noche, pero no el bosque encantado. Quizá, sólo quizá, si respetamos el silencio natural impuesto por la Naturaleza, escuchemos el alma inmortal de algún piloto susurrando eternamente: "Yo te conquisté". El tiempo nos dirá si le llamaban Lewis o Jim. Mañana, al menos mañana, ambos despertarán.

A la sombra de Nürburgring

Hace ya demasiados años como para seguir reclamando un trazado por el que nunca se luchó y por el que nadie lloró. Siempre es tarde cuando nos damos cuenta de que hemos perdido algo para siempre. Cuando Hermann Tilke acometió las órdenes del mandamás de este cotarro, sólo unos pocos sabían que estaba condenando uno de los últimos ejemplos de circuitos antiguos que aún sobrevivían al presente, hipotecado siempre por excusa de la seguridad. De aquellas curvas infinitas y ese bosque perpetuo nos quedó nada: el Motodrom es sólo un residuo de un circuito castrado y que en nada se asemeja ni tiene que ver con el nombre de la ciudad alemana de Baden-Wurtemberg. Pero Hockenheim nunca lo tuvo fácil: a la sombra del realmente estremecedor Nürburgring (el auténtico de veintipico kilómetros) pasó a formar parte oficial de la cita alemana en el mundial de Fórmula 1 cuando Niki Lauda casi pierde la vida en el infierno verde. Irónicamente, se le eligió por ser más seguro que el viejo Nürburgring. Pero poco le duró el monopolio a Hockenheim: tras la remodelación de Nürburgring, éste volvió a ser la sede oficial del Gran Premio de Alemania. El invento del Gran Premio de Europa les permitió alternarse la presencia en el mundial e incluso compartirla. Con sólo algunas pequeñas modificaciones en las chicanes, el viejo Hockenheim seguía manteniendo toda la emoción de uno de los trazados más rápidos y largos del mundial. Las supuestas quejas de los aficionados que no veían bien la carrera en las gradas (amén de la siempre obsesión por la seguridad) motivó la supresión de la parte más desafiante, en 2002, y la sustitución por una parabólica terminada en una horquilla que, si bien permite ciertas luchas interesantes, no alberga nada que no podamos encontrar en otro circuito moderno.

Hamiton, el rey del bosque

Sobre este escenario artificial y plano, Lewis Hamilton ha conseguido, quizá, la mejor victoria de su carrera deportiva. Intachable, luchó contra sus rivales y contra su propio equipo cuando parecía empeñado en arrebatarle la victoria con una absurda táctica de boxes. Con una ayudita de Kovalainen (¡cuán absurdo resulta el punto del reglamento que prohíbe las órdenes de equipo, pues es tan fácil disimularlas...!), el inglés estuvo solo en la pista luchando contra todo el mundo. Y no sólo pisando el acelerador, sino también adelantando y demostrando su valía. Aunque con algunas maniobras reñidas (deberíamos recordarle sus quejas cuando dijo que Alonso le echó de la pista en la salida de Bélgica del pasado año), el piloto de McLaren ha recuperado el talento perdido al inicio del mundial, por el que tanto se le criticó. Ahora está ahí, líder del mundial y poniendo de manifiesto la falta de calidad de pilotaje que se vislumbra en Ferrari. Ni Räikkönen ni Massa estuvieron a la altura. Los del cavallino, otrora los máximos favoritos (quizá, sólo por coche) se desinflan muy fácilmente. No aguantan ni una lucha rueda a rueda ni el ritmo de carrera. Hace tiempo que les aconsejamos que buscaran nuevos jinetes.

Las almas del bosque

Ni Jim Clark ni Bert Hawthorme ni Patrick Depallier pudieron ver cómo en 2002 el circuito que les arrebató sus vidas era replantado y recuperaba la tranquilidad de un bosque espeso y solitario. Aquellos tristes recuerdos se perderán (quizá como lágrimas en la lluvia...) como el asfalto que sucumbe bajo las raíces de los árboles que sirvieron de vallas y muros a los monoplazas en los años 60. Lewis Hamilton nunca había corrido aquí, ni siquiera tras la remodelación, pero ha demostrado que el espíritu del bosque le ha atrapado para bien. Los recuerdos tristes asociados a su nombre quedarán solapados con los nuevos creados por este joven y sus arriesgados adelantamientos.
Y si es verdad lo que dice la canción, es una pena que para remodelar el viejo Hockenheim tuvieran que talar miles de árboles. Y es que "cada alma en pena es un árbol condenado a convertirse en ser humano y ver la luz". Hoy hay luna llena. Buenas noches, bosque encantado.

Semáforo verde:

  • Lewis Hamilton. De lo mejor hasta ahora. Si se comportara así siempre, sería el nuevo rey de la Fórmula 1
  • Nelson Piquet. ¿Es posible que el primer podio de Renault se lo lleve el brasileño nacido en Alemania? Ver para creer, pero nadie le puede quitar el mérito. Felicidades.
  • Timo Glock. Salió ileso, y eso es suficiente motivo de satisfacción siempre que ocurre un accidente grave.
  • Sebastian Vettel. Belicoso y valiente. Cualquiera le tosía.


Semáforo rojo:

  • Fernando Alonso. Si Hamilton ha hecho su mejor carrera, el español muy probablemente ha hecho la peor. Irreconocible. Nunca tuvo nada a favor, pero tampoco supo enmendar las situaciones. Y además, trompo incluido. Lástima.
  • David Coulthard. Una vez más, no miró por los retrovisores. El pobre Barrichello fue una víctima más de este prejubilado cegato. Y van...
  • Felipe Massa. Último cajón del podio, que es como decir de la carrera. Intentó una bonita lucha con Hamilton, pero se mostró incapaz de nada, y por poco trompea.
  • Kimi Räikkönen. Desdibujado todo el fin de semana y negro en la carrera. Va a ser verdad que es de hielo (por el frío y la inmovilidad).

Redacción TheF1.com - Héctor Campos