Gran Premio de Mónaco
25/05
- 27-05-2007
Montecarlo
Análisis
Capítulo II: entre dragones y caballos
-Escucha bien, amigo Lewis, que lo que allí vemos no son otra mala cosa que fieros dragones que, si bien no escupen fuego por entre sus morros, han de ser temidos por su fiereza, terrible velocidad y más temible aún corazón de hierro.
-No le resto yo importancia, señor, a cuanto me advierten sus palabras, pero no son dragones lo que yo veo, sino caballos, y por todo es sabido que los caballos pueden ser domesticados con un poco de valentía.
-¡Nunca subestimes el poderío de un caballo desbocado, salvaje o alocado! Pero no seas necio, amigo Lewis: ten cuidado, te digo, ten cuidado si no quieres que esos horribles dragones nos devoren cual corderos. Acuérdate, acuérdate te digo de lo que esas fieras hicieron con tu amo en los antípodas. Acuérdate que éste caballero errante tuvo que doblegarse, replegar su coraza y asumir la derrota...
-¡Que no, mi señor! ¡Que no son para tanto! Confíe en mí: que el calor pasa mella en cualquier bestia, y su inteligencia no parece suprema. Ataque, ataque desde el primer segundo, que yo le seguiré y opondré resistencia como un jabato. Verá como no son dragones, sino rampantes caballos que también se ponen nerviosos como cualquier animalillo de Dios. Verá como tengo razón. Verá...
Control de salida made in Alonso
Cuentan que Don Quijote estrelló su lanza contra las aspas de los molinos manchegos. En Malasia, Fernando Alonso y Lewis Hamilton clavaron sus lanzas hasta lo más profundo del corazón de los caballos de Ferrari. Y lo hicieron con confianza, maestría, caballerosidad y fiereza. Como dos auténticos campeones. Las palabras del español antes de la carrera, en las que se arrepentía de no haber sido más arriesgado en la salida de Australia, se tornaron en realidad cuando la manada de pilotos llegó a la primera curva del circuito de Sepang. ¿Era Fernando o el sistema de arrancada de Renault lo que le permitía realizar sus impresionantes salidas en las temporadas anteriores?
En Australia muchos quedaron decepcionados con la maniobra de Alonso, rezagado, intimidado y superado incluso por su compañero de equipo. Luego supimos que el miedo a un accidente y su siempre admirable tesón por sumar en todas las carreras algún punto fue lo que le hizo amedrentarse. ¿Mereció la pena? Quizá, pero en Malasia prometió no actuar de la misma forma. La salida de Sepang dejó claro que Fernando sigue siendo un número uno. Y no sólo eso: su compañero, tan ensalzado en Australia, seguirá sumando adeptos, ya no sólo en las gradas, sino seguramente también entre los jefes de más de un equipo.
Decepción Massa
Pero en Malasia no sólo quedó claro que este año va a haber mucha lucha en la pista. A cada carrera, el tiempo pone a cada uno en su sitio; ya lo dijo Fernando tras ganar su segundo título mundial. Y es que Felipe Massa se confirma por sí sólo como un piloto inseguro, inmaduro e incapaz de liderar una lucha seria... pese a los años que ya lleva en este deporte. En Australia protagonizó una buen remontada, pero le costó lo suyo. Al final, no pudo con rivales, aparentemente, más débiles que él, y su actuación quedó deslucida. Probablemente sepa ser el más rápido a una sola vuelta, y rodar en solitario cuando las cosas marchan bien se le da de maravilla, pero cuando hay que luchar con un adversario fuerte, pelearle la posición en pista, adelantarlo y recuperar... no siempre es acertado.
menos que cuente con una suprema ventaja, Massa comete errores que nos recuerdan los perores días de Juan Pablo Montoya. En la tercera curva de Sepang, el joven Hamilton jugó con él como quiso; tras la pasada de frenada y el contravolante en el primer adelantamiento, muchos sabían que la lucha no acabaría bien para Felipe; y así fue: al igual que Juan Pablo Montoya en Austria en 2001 cuando luchaba con Michael Schumacher, Massa no pudo controlar su caballo rojo, que acabó pastando en la cuneta. Lewis no tuvo más que dejarle pasar y que se saliera solo. Fantástica actuación de un debutante. Curiosa comparación entre dos pilotos con experiencias bien diferentes.
Hamilton, el príncipe de la Fórmula 1
El tapón que Lewis hizo a los dos Ferrari fue una ayuda inmejorable para Fernando Alonso. Gracias a ello, el español se escapó en solitario y fue sumando segundo tras segundo, vuelta tras vuelta. Cuando Massa se salió de pista, Räikkönen no fue capaz siquiera de plantarle cara a Hamilton, por lo que la ventaja nunca se acortó. Después de la carrera supimos, según el equipo Ferrari, que Kimi tuvo que rodar con 1.500 revoluciones por minuto menos, lo que le penalizó con cerca de 80 caballos de potencia menos. Pero ni siquiera las paradas para repostar, donde Ferrari es especialista en ganar carreras, cambiaron las tornas. Los temibles dragones rojos pasaron a ser simples caballos e, incluso, pequeños ponis que no podían ni con el BMW de Heidfeld. Los compases finales de carrera fueron un pseudo duelo que jamás fue tal, pues Räikkönen no fue una amenaza real para Hamilton, seguro y confiado.
De esta manera, Hamilton ha demostrado no sólo valentía, sino también tener la cabeza fría en los momentos más críticos. Si conserva esa valentía, unida a una madurez impropia de alguien tan joven, podemos hablar de una especie de Juan Pablo Montoya que no comete errores. No sería, así, difícil verle en lo más alto en más de un podio. Incluso Fernando tendría que tener cuidado con él... Será él, seguramente, quien mejores momentos, adelantamientos y luchas nos regale en 2007; una máquina de emociones y deporte puro y limpio.
Fernando sigue siendo el rey
¿Y Fernando? Al contrario que Räikkönen, no se duerme cuando lidera una carrera, lo que demuestra su profesionalidad. Fernando ha logrado algo muy importante: seguir estando en lo más alto con un equipo completamente diferente al que estuvo la pasada temporada. Un equipo roto, abatido por la sed de victorias, desolado por las averías y los abandonos, que no ganaba una carrera desde el 2005 con Räikkönen.
Mucho hablan los que poco o nada saben de Fórmula 1 de la importancia que tiene el coche en las victorias de un piloto. Algún que otro listillo, incluso, asegura que éste no es más que un mero lastre. Se equivocan de calle: aunque es cierto que el motor, los neumáticos, el paquete aerodinámico y los demás elementos de un bólido son esenciales para ganar, es el piloto el que tiene la última palabra para encajar, afinar y acoplar todos esos elementos para hacerlos ganadores. No sólo los ingenieros, mecánicos, directores de pista, etc. Un buen piloto es el que sabe hacer de un coche mediocre una auténtica bala ganadora. Ya lo hizo Michael Schumacher cuando en 1996 dejó Benetton, un equipo entonces campeón, para pasar a Ferrari, que atravesaba la peor racha de su historia. Al principio, la decepción, los abandonos, las roturas y el desánimo se apoderaron de los seguidores del alemán y de los tifosi. En Silverstone, por poner un ejemplo, los dos monoplazas rojos abandonaron en los primeros compases de la carrera, incluso antes de que esta comenzara, pues en la vuelta de calentamiento el motor de uno de ellos explotó.
Pero en poco tiempo, Michael había dado un impulso nuevo al equipo: impuso su metodología de trabajo, sus hombres, su inteligencia, su profesionalidad y, quizá también, sus manías, sus trucos y sus secretos. En 1997 lucharon en la última carrera por el Mundial, aunque lo perdieron por una última y desafortunada maniobra antirreglamentaria de Schumacher. En 1998 Häkkinen chafó sus esperanzas, pero en 1999 Ferrari ya era campeona del mundo por equipos, y lo volvería a ser ininterrumpidamente hasta 2004. En 2000, además, Michael firmaría todas las pole position del año y ganaría el campeonato de pilotos, algo que Ferrari no conseguía desde el título mundial de Joddy Scheckter de 1979. Una buena muestra de que el piloto también juega un papel importante para convertir a un equipo perdedor en uno arrasador. El esfuerzo, el tesón y las ganas de ganar de Schumacher devolvieron las mieles de la victoria de Ferrari.
Aunque hoy McLaren aún recuerda lo que es ganar una carrera, gracias a las victorias de Räikkönen en 2005, el equipo anglo-alemán tiene que remontarse a los días del ya jubilado Mika Häkkinen para recordar el sabor del campeonato del mundo. Fue hace ocho años. Ocho años sin ganar un campeonato. ¿Será Fernando capaz de devolverles el sabor de la victoria en su primer año con ellos...? De momento va por buen camino: se ha alzado a lo más alto de la clasificación provisional del mundial, demostrando que sigue siendo el rey.
-Ve usted, mi señor, cómo le decía que no eran dragones, sin tan sólo caballo.
-Calla, ingenuo joven. Nunca subestimes el poderío de unos caballos que, en cualquier momento, pueden cocearte como si fueran dragones enfurecidos.
-Pero ya ha visto, mi señor, cómo se les puede vencer en el campo de batalla; que no son invencibles e, incluso, hacen gala de algo de torpeza.
-¿Torpeza? ¡No les pierdas el respeto, ignorante jovenzuelo! Dentro de siete días volverás a ver sus dientes y sus garras, y seguro que te acordarás de tus descaradas palabras...
Semáforo Verde:
· McLaren: Vuelve la competitividad y la fiabilidad. Un doblete histórico que da más emoción al campeonato.
· Fernando Alonso: Sepang ha sido la confirmación de la maestría del genio. Los papagayos han tenido que rendirse a la evidencia de que no era el coche, sino el piloto quien ganó los dos mundiales pasados.
· Lewis Hamilton: muchos lo sabíamos de verle en la GP2. Este piloto trae no sólo sangre fresca, sino el talento del que otros pilotos carecen para mantener una lucha apasionada en pista. Su maniobra en la arrancada fue estremecedora.
· Sepang: el trazado del alemán Herman Tilke sigue demostrando ser perfecto para carreras bonitas, adelantamientos y luchas, y eso que la lluvia no hizo acto de presencia.
Semáforo Rojo:
· Felipe Massa: decepcionante actuación luchando contra un debutante. Se confirma como un piloto que comete demasiados errores como para liderar la Scudería.
· Sutil: probablemente, el peor debutante del año. Su accidente en la primera vuelta confirma su inseguridad ya vista en Australia, aunque el realizador no nos mostrara su accidente...