Gran Premio de Estados Unidos
15/06
- 17-07-2007
Indianápolis
Artículo - Análisis
Noche americana
Las luces cálidas de la tarde bañan los circuitos de una forma especial; las imágenes más bonitas se obtienen así, con el sol a punto de morir, con la pista vacía, silenciosa, calmada, sosegada... Como un monstruo dormido esperando un nuevo día. Así se ruedan algunas escenas supuestamente nocturnas en el cine: de día, con el sol en el cielo, y usando filtros negros o azules para engañar al espectador, simulando que el sol es la luna, y que sus rayos son selenitas. Los actores del tan odiosamente llamado “gran circo” abandonan el plató de vuelta a Europa. Detrás dejan quince días americanos y una sonrisa extraña en la boca de Fernando Alonso: no es líder del mundial, lleva dos carreras sin ganar, su compañero de equipo le supera... Pero sonríe. ¿Por qué? Noche americana y un nuevo día vendrá.
Hamilton, criatura made in McLaren
Ha pasado medio mundial, y Alonso no es primero. Han pasado siete pruebas, y Fernando no gana. Casi hemos llegado al ecuador, a la zona de reflexión, al lugar donde las cosas dejan de ser casualidades y se tornan realidades... y Hamilton lidera el mundial con diez puntos de ventaja. ¿Qué está pasando? Se acuesta el sol sobre América. Alonso duerme ya lejos de allí; lejos de las tierras que tan mal le quieren. Y, aunque se va con una sonrisa por haber logrado subir al podio en Indianápolis, sabe que las cosas no le van bien. Pero no quiere que nadie se entere; no quiere dar muestras de debilidad; no quiere que se descubra su preocupación, sus dudas, sus miedos... Oculta su noche americana como puede: la oscuridad, la soledad y la incomprensión de no sentirse querido en el equipo. ¿Se han dejado seducir por el acento y la sonrisa de Lewis y han olvidado a Alonso?
He de confesarlo: aunque Manuel Vega, director de la magnífica revista española Grand Prix, asegura que nadie en la pretemporada pudo adivinarlo, un servidor lo temía y lo dijo, eso sí, sólo a las personas más allegadas: el fichaje de Lewis Hamilton se lo iba a poner difícil a Alonso. No se trata de anotarse el punto de «yo lo advertí», pues tampoco había que ser muy avispado para observar que la juventud, la impetuosidad y, al mismo tiempo, la madurez en el pilotaje del inglesito son ingredientes suficientes para, con un buen coche, empezar a dar guerra. Pero sí que parecía imposible que, por muy buen piloto que fuera Hamilton, no dejaba de ser un debutante. Nada más lejos de la realidad. Y así están marchando las cosas. Porque no hay que olvidar que, aunque ambos son jóvenes, entre Fernando y Lewis hay cinco años de diferencia. Cinco años de experiencia a favor de Alonso, pero también cinco años de juvenil ambición en la furia de Hamilton. Además, no es nuevo: lleva entrenando con McLaren desde hace tiempo. Es la criatura, la creación, la apuesta de Dennis por devolver a Inglaterra el campeonato del mundo. Pero ¿este año...?
No existen las casualidades
Ya no caben excusas ni inútiles patriotismos: el breve liderazgo de Hamilton al comienzo de la temporada no fue un espejismo. Negarlo sería absurdo; el inglés tiene el potencial de sobra para ser campeón del mundo: es rápido (dos primeras posiciones en parrilla), inteligente (dominio de carreras de principio a fin), agresivo (defensa de su posición frente a Alonso) y maduro (no ha cometido prácticamente ningún error de pilotaje). Los que le hemos visto en categorías inferiores podíamos intuir ese desparpajo en pista, esa falta de miedo que le permite no frenar aunque las ruedas de su monoplaza se deslicen sobre la hierba, ese descaro que le permite no tener respeto por nada ni por nadie... Aunque tarde o temprano cometerá algún error, tampoco podemos obviar que Lewis se ha subido a todos los podios de esta temporada, y eso no es casualidad. No podemos olvidar sus cualidades simplemente porque sea compañero de equipo de Alonso y esté enfrentado directamente con él. Fisichella demostró su incompetencia para hacer buenos resultados cuando era compañero del español en Renault, al igual que Trulli, si bien en menos medida en esa ocasión. Pero Hamilton es diferente. Hamilton sí tiene la garra y el don de los campeones. Ahora sólo tiene que cultivarlo y no dejar que se desperdicie, como ya hicieron en su día Jacques Villeneuve y Juan Pablo Montoya. De él, y sólo de él, depende convertirse en la nueva estrella que pugnará por brillar más que Alonso en el firmamento de la Fórmula 1, o dejarse deslucir conforme pasen los años. Ahora tiene un gran coche, pero ¿qué pasará cuando no lo tenga? Alonso ha demostrado que es capaz de ganar en dos equipos diferentes, y si este año gana el Mundial, quedará definitivamente marcado como uno de los mejores pilotos de la historia, especialmente por haber ganado en la época Schumacher (de hecho siempre será recordado como el piloto que acabó con la racha del alemán) y por hacerlo en dos equipos diferentes, fichando por McLaren cuando el equipo atravesaba una de sus peores crisis. ¿Podrá Hamilton hacer lo mismo o es un piloto de una sola escudería, en este caso, una criatura sólo made in McLaren cuando las cosas marchan bien?
¿Está Alonso a gusto en McLaren?
Cuando Jacobo Vega entrevistó en exclusiva a Fernando, de nuevo para la genial revista española Grand Prix, le preguntó sobre la posible rivalidad con su compañero de equipo y la hipotética ayuda de McLaren a su protegido inglés. Fue en el Gran Premio de Bahrain, al comienzo de año, cuando las chispas aún no habían prendido del todo. Alonso lo dudó y aseguró que no le preocupaba la relación especial entre Ron Dennis y Lewis Hamilton. Su última frase hacía referencia al coche: «Si me dan el mismo que a Hamilton, no estaré preocupado». Y quien habla de coche habla también de la misma estrategia, etc. ¿Se lo están dando? Sólo los hombres de gris lo saben. Desde fuera no parece haber muchas diferencias, ni siquiera en las estrategias de carrera. El motivo por el que Alonso firmó por McLaren fue afrontar un nuevo reto, confirmar que es lo suficientemente bueno como para ganar en otra escudería y, de alguna manera, seguir los pasos de Senna: tres veces campeón del mundo sin pisar Ferrari. Tras su encarnizada lucha con Ferrari el pasado año («¡Toma, Ferrari!») parecía imposible que, a estas alturas, estuviéramos hablando no sólo de que con su compañero de equipo hubiera poca diferencia en el Mundial, sino que sea él quien lo encabece. ¿Se había centrado tanto Alonso en batir a Ferrari que subestimó el poderío de Hamilton?
¿Está McLaren a gusto con la lucha de sus pilotos?
Planteemos la pregunta al revés: ¿está el equipo a gusto con la situación de rivalidad de sus compañeros? Los de McLaren ya tienen malas experiencias con rivalidades fraticidas: Senna y Prost destrozaron varios de los flamantes e invencibles monoplazas rojiblancos en los años 80 y 90. Es el peligro de fichar a dos campeones en potencia; algo que, claro, en Ferrari nunca pasa, pues deciden antes del Mundial quién tendrá derecho a optar por el Mundial y quién será sólo un médium para ayudarle. En McLaren, no. No, al menos de forma oficial...
Lo que está claro es que, con dos pilotos potencialmente campeones del mundo, lo más probable es que alguno de ellos lo sea al final del año. Mientras que todo el mundo creía que esta temporada la lucha encarnizada estaría protagonizada por los coches plateados y rojos, lo cierto es que los segundos se han perdido en el la clasificación. Ferrari ya no es la amenaza que parecía ser a principio de año. El divorcio Renault-Alonso parecía dejar las puertas abiertas a un nuevo título para la casa de Maranello. Pero no aparece así. Los dos fichajes bomba de la nueva temporada se han confirmado bien distintos: mientras que Alonso sigue manteniendo su garra y maestría al volante (con más o menos errores, sigue estando arriba en la clasificación) Räikkönen se está confirmando como la gran decepción, el fiasco, el chasco, el engaño... Un piloto de su, en teoría, calibre no puede tener tantos problema de adaptabilidad. Kimi se está diluyendo, perdiendo, dejando escapar su oportunidad de ser alguien en la historia de la Fórmula 1; y, esta vez, no le puede echar la culpa al coche...
Felipe Massa, aunque no es de mis pilotos favoritos, es el único que, al fin y al cabo, está salvando los trastos en Ferrari: aún se le ve incluso en algún podio. Pero no es capaz de seguir la estela de McLaren. Con todo, los de Mercedes se han visto como los invencibles del Mundial; habían apostado por dos grandísimos pilotos para contra restar la supuesta supremacía roja, y se han encontrado con unos 'Cavallinos' cansados, exhaustos y, quizá, añorantes de Schumacher. Así que, con ellos fuera de combate, las potentes armas las han tomado sus dos pilotos con tantas ganas que ahora se pelean entre ellos por la victoria. Lo que está claro es que Dennis sabe que, uno u otro, le darán una alegría al final de año. ¿Quién será el que devuelva el título mundial a McLaren después de casi diez años de que lo hiciera Mika Häkkinen?
Semáforo verde:
· Lewis Hamilton. Por mucho que le duela a algunos comentaristas, es absurdo desmontar sus logros con estúpidos patriotismos. Pole y victoria de principio a fin; si lo hubiera hecho Alonso, ahora hablarían maravillas de él. Si lo hace Lewis, no es para tanto...
· Fernando Alonso. Sí, aunque haya sido segundo, pero por lo menos esta vez no ha cometido errores (algún que otro pequeño pisotón a la hierba...). Esa inteligencia que echábamos de menos (sin dejar de ser nunca agresivo al intentar adelantar a Hamilton, al mismo tiempo) le ha permitido lograr el único trofeo que le faltaba: Indianápolis. Si hubiera hecho lo mismo en Canadá, ahora sólo tendría cuatro puntos de diferencia en el Mundial.
· Adelantamientos. Carrera divertida. Tanto en las primeras como en las últimas posiciones. Pusieron la nota bonita de la carrera con pasadas, adelantamientos y luchas preciosas. El duelo Hamilton-Alonso fue, simplemente, espectacular, como aquel entre Senna y Mansell en la larga recta de Montmeló, hace unos cuantos añitos.
Semáforo rojo:
· Takuma Sato. Se acabó el Súper-Sato que anunciábamos en nuestro anterior artículo: adelantó con bandera amarilla al final de recta (por el accidente de Ralf en la salida) y después lo echó todo al traste al pisar la hierba con la rueda trasera izquierda y salirse de pista. Vuelve el camicace...
· Honda. La gran decepción que no levanta cabeza.